Tina Modotti, Mexican (born Italy), 1896 – 1942; Hands of the Puppeteer, Mexico City; 1929; Gelatin silver print; 9 15/16 x 7 15/16 in. (25.24 x 20.16 cm) (image, sheet); Minneapolis Institute of Art; Gift of the Patrick and Aimee Butler Family Foundation 85.87
Frente al mar del Norte, en la fiera costa irlandesa, el cuarto Conde de Bristol, Frederick A. Hervey (ca. 1729-1803), un obispo culto y de gusto exquisito, levantó un tholos, el Mussenden Temple, cuyo friso circular tiene inscritos los dos primeros versos del proemio del libro II del De rerum natura de Lucrecio:
suave, mari magno turbantibus aequora ventis, e terra magnum alterius spectare laborem (Lucr. 2.1-2)
Es dulce, cuando los vientos revuelven las olas en el inmenso mar, contemplar desde tierra el enorme esfuerzo de otro.
Para imaginar cómo es la habitación en la que vive una trabajadora doméstica interna hay que pensar en un cuarto generalmente sin ventanas, una cama de metro ochenta o metro noventa, una pequeña tele y casi ningún espacio para guardar ropa y objetos personales. Y eso si la habitación existe.
Esas soluciones de vivienda denigrantes son inseparables de la vulneración de los derechos laborales, explica Espínola. Por un lado, resulta casi imposible establecer un horario estándar, puesto que no hay un sitio al que marcharse cuando se acaba el trabajo. Y en realidad el trabajo no se acaba nunca. Las jornadas muchas veces empiezan a las seis o siete de la mañana con los desayunos y pueden terminar más tarde de las once de la noche, si hay que recoger la cocina tras la cena
Son las ocho y cuarto de la mañana y ya se oye la música del flautista de Hammelin que dejará de nuevo las calles y plazas huérfanas de niños. Ya las guarderías están llenas de ellos y, pronto, lo estarán colegios e institutos… Vivimos la época de la escolarización universal y casi perpetua, que, en el periodo laboral discontinuo que vivimos se recodficará en forma de cursos de formación o en reespecializaciones y, ya en el retiro, en forma de animaciones socioculturales -como se las llama en la neolengua- o cursos de actividades manuales o de gimnasias adaptadas a la edad…
En un cierto sentido, lo que empieza ahora es una expropiación estatal de la infancia. Uno entiende, faltaba más, los deseos de vida activa y de trabajos de madres y padres, pero lo cierto es que los niños son criados y educados -hasta en sus juegos, oh dioses- por monitores y funcionarios. Por supuesto, la vida adulta ya estaba expropiada por el trabajo o su búsqueda ansiosa.
Se cierra así el ciclo de nuestras vidas enajenadas, que comienza ya en ese territorio aséptico y hermético de las ludotecas o las aulas, al son de la música del terrible flautista…
«Muestra el interés de Antoni Tàpies por la obra de algunos monjes japoneses de los siglos XVIII y XIX que fueron transmisores de los enseñanzas del budismo zen, y que desarrollaron una actitud crítica y una voluntad de trastocar la escala de valores convencionales –incluidos los de la práctica artística–, como Hakuin, Sengai, Jiun, Tori, Rengetsu.
Tàpies integró a su lenguaje, y a la tradición occidental que le era propia, muchas de las actitudes, imágenes y técnicas que estos artistas utilizaban. No se trata de un proceso de mimesis, sino de asimilación de una forma de trabajar, y también de una visión del mundo que la tradición japonesa ha sabido conservar en los templos y los jardines, los poemas y las caligrafías, las cerámicas y las pinturas. » (De )