Fronteras y otros apuntes (#27)

Las fronteras, los límites, las lindes, hay que imaginarlas como surgiendo de un mundo en el que aún no hacían falta muros ni ejércitos para vigilarlas, defenderlas o romperlas con un coste de vidas humanas. No, sino que hay que imaginarlas como símbolos orientativos: un árbol solitario, un río, unas piedras. En ese sentido es una delicia leer los registros y testamentos antiguos, describiendo morosamente con palabras la topografía que separaba un territorio de otro. Cuando el tiempo, el clima o el olvido volvía las fronteras imprecisas, se establecian nuevos consensos para mantener su utilidad para nuevas generaciones. Naturalmente, las cosas cambiaron con el despliegue y repliegue, a sangre y fuego, de imperios y estados. Como dice Bertho Lavenir:

No hay frontera sin cancillería y sin una oficina de registros oficiales; y no hay mapas sin una labor topográfica encargada por quienes detentan el poder. En la era de la Democracia, cuando se hace necesario tener en cuenta la opinión pública, los mapas y atlas ayudan a que la ciudadanía aprenda -si es preciso bajo la vara del profesor- los perímetros del estado que algún día puede que sean convocados a defender.

Pienso para mí que un proceso parecido, y paralelo, fue creando las cancillerías y aduanas que vigilan la institución del «yo» y sus territorios, sus defensas o agresiones y violaciones… Pero de esas otras fronteras hablaré otro día.

Estado y teología

Muchos, tal vez la mayoría, lo intuyen; algunos lo saben pero no lo dicen; solo unos pocos lo saben y lo dicen. Me refiero a la mentira constitutiva de los estados. Emmanuel Rodríguez es de esos pocos:

La palabra Estado tiene algo de teológico. Soberanía es una palabra teológica. La idea de una totalidad que incluye y representa a todos los ciudadanos (que vela por ellos al tiempo que los somete) es teológica. En todo caso, diría que la idea de soberanía, de un Estado que puede y tiene capacidad de gobierno efectivo, esto es, de dirigir y organizar una sociedad, es hoy todavía más ficcional que hace cincuenta años. Se dirá que la soberanía siempre ha sido una ficción y que realmente el campo político se corresponde, desde el origen del Estado moderno (en los siglos XV o XVI), con un sistema mundo en el que unos Estados subordinan a otros, y por lo tanto son más soberanos que el resto. Lo que respondería a estas críticas es que en los tiempos de la globalización financiera, y de la circulación monetaria a tiempo real, ni siquiera los Estados más poderosos pueden escapar a esta forma de mando sobre la que apenas tienen control. Esto implica el fin del programa de las viejas izquierdas que remiten siempre a un Estado nacional, con programas nacionales de crecimiento, mercados laborales regulados y sistemas nacionales de provisión social.

Si quieres leer la entrevista entera que le hace Guillem Martínez, está aquí

La vida ahí fuera

La idealización de la «vida salvaje» nos lleva a muchos equívocos . El pacto brutal de los perros y los hombres, ha hecho que estos lejanos descendientes del lobo haya trsnsgredido leyes naturales como atacar y matar a miembros de su especie a cambio de comida y protección. Basta, para entender la segunda naturaleza adquirida junto a nosotros, ver la placidez con que duerme un animal doméstico en su casa humana, sin ese miedo y alerta continuos a que los somete el hambre y el acecho de los depredadores. La vida ahí fuera puede ser un auténtico infierno.

La extraña pareja

Esta mañana me encontré con un antiguo -muy antiguo- alumno que, al preguntarle yo por su vida actual, me contó que vivía con su abuela. Pero no por las razones que se me ocurrieron al pronto, las que se os estarán ocurriendo a vosotros ahora mismo: una familia desestructurada, violencia doméstica, dependencia… No, era por una razón más sencilla y entrañable: la quiere mucho y no soportaba verla vivir sola cuando enviudó a los setenta y pocos años. Así que acondicionó su casa, hizo las maletas y se mudó. Hoy la abuela tiene más de 80 años y siguen viviendo juntos y felices. La sensación que me transmitió era la de ser el hombre más feliz y enamorado del mundo…

Visitas: 78

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.