Como ya habrá descubierto el perspicaz lector, una de las cosas perdidas en la particular distopía de Rowling es la poesía, olvidada, en el cuento, por la autora de un chisgarabís de versos inacabados y personificada en una valiente exploradora y guía de cosas que vagan por aquellos páramos en busca de su oriente: el camino de vuelta a casa.
La poesía, en realidad, se nos perdió hace mucho tiempo, tanto, tanto como desde después de Adán: desde entonces solo nos queda la poesía del paraíso perdido, del "se canta lo que se pierde". Una vez devuelto el don de nombrar que poseyó el primer hombre, ¿qué quedó si no el eterno llanto de la ausencia, el lamento por la primera herida, la primera quiebra, el primer error? Ningún poeta, desde Ovidio, ha sido capaz de decir a viva voz que hay un dios en nosotros.
Perdimos al dios, o al espíritu que habla, divinas palabras. Perdimos el alma, la vendimos…
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