¿Quién, quiénes?

Se puede responder de varias maneras, trazando con cada una de ellas, diferentes estelas semánticas, es decir, estableciéndose distintas categorías en la realidad. Un policía, por ejemplo, preferiría el genérico y despectivo “individuo” o “individuos”. Así lo he oído en un telediario hace un rato: “se sospecha que los autores del robo del Louvre fueron cuatro individuos…” En un registro más vulgar, dejarían de ser individuos para ser “tíos” o “tipos” (‘tipejos’ si la ausencia de prestancia física o dignidad es su principal característica).

Si es la habilidad o inteligencia en su especialidad (como parece apreciarse en el robo del tesoro napoleónico), “ladrones” parece más adecuado pues la palabra se adorna con los saberes consagrados de un venerable y antiguo oficio. Aún hay otros términos ya en desuso como “cacos” o “hampones” en los que no nos detenemos por ahora.

Por arriba, tenemos aún los “sujetos”, preferidos en el mundo judicial (“responda el sujeto a la pregunta”) o en el de la Hacienda y sus impuestos, en sintagma ciertamente ambiguos como “sujeto imponente” (¿existe semejante cosa?) y algunos más humorísticos como “tipo impositivo”…

CONTINUARÁ

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