En el relato del Génesis hay algo fundamental que pasa desapercibido: el hombre es la última criatura. En un sentido muy literal, y familiar y entrañable, los animales son nuestros mayores, a los que, como tales, deberíamos tener devoción y respeto.
No fue así, no es así desde que invertimos el orden y nos creímos los primeros, viendo en ellos solo lo que no somos nosotros, los que los nombramos. Quizá sea por eso por lo que no soportamos la mirada directa a los ojos de un animal.
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