Verdad y mentira en la literatura

Publicado, con algunas modificaciones, en El Salto, con el título Verdad y mentira en la ficción literaria

Me ha interesado el texto «Literatura y verdad en la época de la posverdad», de Mario Campaña, que enlazo al final de este artículo. En él plantea el tema de la verdad y la mentira en una ficción narrativa, relacionándolo con el concepto de «posverdad», tan de moda en el análisis de la información política y la tergiversación de la Historia con intención manipuladora y propagandística. Por supuesto, la verdad y la mentira en literatura no son de la misma naturaleza que en la Historia, aunque esta pertenezca, de un modo bastante literal, a los géneros narrativos. El propio autor es consciente de ello, desde el momento en que descarta el concepto de verdad como fidelidad a los hechos, lugares y personajes reales que intenta reflejar; algo que sería aplicable solo a las narraciones históricas. Y si esto es así, ¿qué sentido puede tener hablar de verdad o mentira respecto a una ficción literaria?

Si descartamos, por paradójico, que la ficción «imite» la realidad, solo nos queda -y es lo que hace Mario Campaña-, volver de nuevo a la mímesis de Aristóteles, pero no entendida como copia o retrato al natural, sino como lo posible o verosímil: no como es o fue, sino como podría ser. La verosimilitud supone, a la vez, la coherencia: que un suceso sea consecuente con otro, en la relación de trama y urdimbre que es el relato, de lo que el autor de este ensayo llama su «lógica interna». Del mismo modo que los actos de los personajes deben ser consecuentes con los anteriores o con su mismo carácter (carácter es destino). Se está en contra, pues, del deus ex machina, de la arbitrariedad, del truco o trampantojo. A esto aluden los narradores -muchos- que testimonian el momento creador en que los personajes parecen adquirir vida propia, reclamándola al autor, como en Pirandello o en la rebelión de Augusto Sánchez, el protagonista de Niebla, en su famosa y airada discusión con Unamuno, su dios creador.

Campaña aporta ejemplos muy pertinentes de lectores descontentos con el destino de algunos personajes de obras clásicas. En el primero, Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, de Goethe, Wilhem se queja  de la falta de «verdad» en Hamlet, en estos términos:

Serlo. ¿Sigue usted reclamando, tan inexorablemente como siempre, que muera Hamlet al final de la obra?

Wilhem. Pero ¿cómo podría perdonarle la vida, cuando toda la obra lo empuja hacia la muerte?

Serlo. Pero el público quiere que quede vivo.

Wilhem. En otras cosas trataré de complacer al público; pero en ésta, imposible. Quisiéramos que viviese más un buen hombre honrado y útil que muere de un mal crónico. Llora la familia y execra al médico que no puede alargarle la vida. […] Como aquel no puede oponerse a una fatalidad de la naturaleza, tampoco nosotros podemos imponernos a una notoria fatalidad del arte.

Serlo. Pero el que paga tiene derecho a que le den lo que él desea.

donde resuenan los viejos versos de Lope de Vega: «Porque como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto»…

En la trayectoria de los principales protagonistas de Los Miserables , de Victor Hugo (Jean Valjean, el inspector Javert y el obispo Myriel), Baudelaire opinaba que

El abandono de la riqueza y el poder por parte de Valjean y su entrega a una desdichada vida de convicto perseguido a causa del remordimiento y su buen corazón le parecía una repugnante falsedad; los poderosos, aunque sean canallas, y sea cual sea su pasado, no renuncian a nada y mueren venerados, rodeados de sus familias, amigos y sirvientes.

Elias Canetti, por fin, se queja en sus Memorias del destino del rey Lear en la tragedia de Shakespeare:

después de haber soportado la tragedia de la sucesión, de haber sobrevivido a una sangrienta época de venganzas y ambiciones, Lear debía seguir viviendo, “siempre debía estar vivo”. Lear “merece vivir”, porque con él “mueren muchos años”.

En los tres casos podemos hablar de falta de verdad, por incapacidad del autor (¿obras fallidas?) o, lo que es peor, por la intencionalidad del novelista (¿insinceridad?, ¿manipulación subliminal del lector?, ¿lecciones no éticas de ideas políticas, sociales o religiosas?) como se ve claramente en la propaganda monárquica implícita de la práctica totalidad del teatro barroco español. Podríamos afirmar, desde la perspectiva del lector, que este es la parte débil en el encuentro mágico con la creación literaria. Para este, se trata más de una cuestión de «injusticia» que de verdad: no es justo que Hamlet o Lear mueran. También para Augusto Sánchez, en tanto lector de su propio destino. La lógica interna del relato puede llevar, sin remisión, a un destino trágico, que siempre es injusto: ¿es injusto sin dejar de ser verdadero, de tener un sentido? En la vida hay una injusticia primordial, extensa y ajena, la de la salud, la catástrofe, el accidente. ¿Eso es verdad también para una novela, al margen de la intencionalidad del autor?

En Mímesis, una apasionante colección de ensayos sobre clásicos de Erich Auerbach, este estudioso de la literatura, nos aporta un punto de vista complementario al analizar la verdad y la mentira en los poemas homéricos. En ellos, tras el deslumbramiento verbal, descubrimos una imagen del los hombres y de sus vidas tremendamente simples, hasta el punto de que los podemos considerar como «personajes planos», pero con la capacidad de hacernos sentir como si fueran reales. Aunque la realidad de su ficción, la verdad de su mentira, no tenga nada que ver -ni Homero lo pretendía- con la realidad histórica que, de forma fantasmal, realidad-sombra, nos explican los lectores eruditos.

Lo que más les importa es la alegría por la existencia sensible y por eso tratan de hacérnosla presente. En medio de los combates y las pasiones, las aventuras y los riesgos, nos muestran cacerías y banquetes, palacios y chozas pastoriles, contiendas atléticas y lavatorios, a fin de que observemos a los héroes en su ordinario vivir y de que disfrutemos viéndolos gozar de su sabroso presente, bien arraigado en costumbres, paisajes y quehaceres. Y de tal manera nos encantan y se captan nuestra voluntad, que compartimos la realidad de su vida, y mientras estamos oyendo o leyendo nos es totalmente indiferente saber que todo ello es tan sólo ficción. El reproche que a menudo se ha hecho a Homero, de ser mentiroso, no rebaja en nada su eficiencia; no tiene necesidad de copiar la verdad histórica, pues su realidad es lo bastante fuerte para envolvernos y captarnos por entero. Este mundo “real”, que existe por sí mismo, dentro del cual somos mágicamente introducidos, no contiene nada que no sea él; los poemas homéricos no ocultan nada, no albergan ninguna doctrina ni ningún sentido oculto.

Como broche, Belén Gopgui, gran narradora y narratóloga, nos puede ayudar a rescatar una clave imprecindible de la verdad mentirosa y la mentira verdadera de las novelas: el vector, como ella lo llama, del sentido (La conquista del aire, Prólogo). Como una luz, ese haz que lo impregna todo impide que la narración caiga en el abismo de la inanidad del entretenimiento y la «cultura del ocio», del aburrimiento burgués de donde en realidad nació.

Ahora la novela no se enfrenta a un problema de ámbitos ni de públicos sino, me parece, a un problema de configuración. Así como una línea describe una trayectoria pero sólo el vector del sentido introduce un hacia dónde, así el trazo de la experiencia contiene los sucesos, pero sin el sentido no es más que una vía muerta. La novela que no nombre el significado, que no ilumine el sentido, la novela que sólo quiera ser emoción y no ser emoción que se sabe a sí misma, terminará por confundirse con cualquier otro medio de entretenimiento.

Literatura y verdad en la época de la posverdad

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Una reflexión urgente sobre la verdad y la mentira, en sentido artístico y ético, en las obras de ficción narrativa

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Ojos que miran pero no ven…

(Leyendo Viaje al Congo,  de André Gide)

La mirada de André Gide sobre África en Viaje al Congo es una mirada colonial y turística, nada que ver con la crítica desencantada de su viaje a la URSS (una de sus caídas del caballo, según Constantinto Bértolo). Los negros nunca son individualizados ni tienen un nombre propio: son negros o indígenas y sólo se nos habla del brillo de su piel o de la fuerza de su cuerpo,

Cada vez que el barco atraca, cuatro negros enormes, dos delante y dos detrás saltan al agua y van hasta la orilla para fijar las amrras…
Tres negros soberbios llegan a nado a la orilla…
A las diez nos detenemos frente a Betu. Los indígenas, de raza mojembo, están más sanos, son más robustos y más bellos, parecen más francos y más libres…

Es inútil seguir citando: siempre nos quedamos ahí, en la superficie, no hay nada más allá ni más adentro. Por el contrario, las mariposas, los árboles y las flores, se describen en detalle.

El 11 [de septiembre], visita al jardín experimental de Eala, el auténtico objetivo de este rodeo por el Congo Belga. El señor Gossens, el director de este jardín, nos presenta, con gran alegría por nuestra parte a sus alumnos más interesantes: cacaos, cafetos, árboles del pan, árboles de la leche, árboles bujía, árboles taparrabo y este extraño banano de Madagascar, el “árbol del viajero”, de cuyas anchas hojas brota, en la base de su peciolo cortado de un navajazo, un vaso de agua pura para el viajero cansado…

El resto son sus quejas occidentales sobre insectos e incomodidades que el buen burgués siente especialmente

En Coquillatville nos devoraron los mosquitos. Por la noche, nos asfixiábamos de calor bajo las mosquiteras, empapados de sudor. Unas enormes cucarachas se dejaban caer sobre nuestros objetos de aseo…

Hay incluso discretas alabanzas, trufadas de consejos reformistas (hacen falta más médicos, mejores salarios…), dirigidos a la administración colonial francesa. A las veces, se aburre (“me esperaba otro clase de selva”, se lamenta en una ocasión) ¿Y qué lee nuestro autor en la bochornosa noche africana?

He releído la oración fúnebre de María Teresa de Austria. Hay unos pasajes admirables. Me parece que la prefiero a la de las dos Enriquetas…

No hay nada que nos recuerde en este libro a El corazón de las tinieblas de Conrad.  No parece, sin embargo, que Gide intente ocultar nada (si acaso, el encargo recibido por la Administración colonial, entes de partir  -pues ya es un escritor famoso con más de 40 años-, de recabar información sobre los problemas o deficiencias que encontrara en el viaje), sino que el velo del racismo inconsciente del europeo le impide reconocer al otro, que ve siempre como un cuerpo opaco e intercambiable. Lo que ocurre, en realidad, es que sus ojos miran, pero no ven….

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Íngrimos

[A vueltas con el español radiactivo. A propósito de los que quedan solos en Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias]

En este libro de Miguel Ángel Asturias -que es la fundación mítica de un mundo, que es verbal, épico y feérico al mismo tiempo- los íngrimos son los hombres que quedan solos tras el abandono de sus mujeres, las tecunas. «Tecunas» es la antonomasia por María Tecún, la primera -fundadora, diríamos- en abandonar de la noche a la mañana a su marido ciego. Se especula en adelante, a propósito de las sucesoras, si es que están afectadas por el roce de unas arañas, enloquecidas a su vez por el polvo de unas semillas, hechizado por los brujos. Nunca son encontradas y sus íngrimos, incapaces ya de vivir solos, las buscan sin cesar, víctimas, más que de una obsesión, de una locura. que solo acaba con la muerte. El lugar simbólico de esa muerte inevitable es un barranco en el monte Tecún, envuelto en nieblas y aire insano, donde la Primera se apareció al ciego, con la vista recobrada para quedar otra vez, definitivamente, ciego, bajo el aspecto de una mujer de piedra…

También las casas dejadas por las tecunas sufren las consecuencias del abandono. Así lo describe Asturias, al detenerse en la casa de la Segunda, la mujer del cartero:

El rancho no parecía deshabitado. El viento jugaba con la puerta sin atrancar. La abría, la cerraba. Las casas de las «tecunas», que son las mujeres que se fugan del hogar, quedan llenas de misteriosos ruidos. Ruidos y presencias. Los malos ojos de la duda, en el chingaste ingrato del café, con las pupilas aguosas de llanto negro. El cofre de la ropa buena, la ropa interior olorosa a calor de plancha, sacude sus aldabas como orejas metálicas sobre la madera hueca, al soplo del viento que entra desde el patio, donde el lazo de tender trapos ahorca el cielo. En un apaxte de agua sucia, amarillenta, un ratón náufrago. Y las hormigas negras, guerreras, rodeando los comestibles. Rosarios del mal ladrón entran y salen, afanosamente, a los graneros, a la cocina, fuera de las taltuzas mazorqueras, instaladas de una pieza en la casa de las «tecunas», y los pajarracos que graznan de alegría, y los fantasmas de perros que olfatean, invisibles -solo sus pisadas se oyen-, el tufo a meado de la eternidad en la vejez de las cosas, abandonadas, polvo y telaraña ….

En el mundo mítico de los indíos, protagonistas de la mayor parte de la novela, los hombres tienen un alma, más un doble que un alma, en el reino animal, los nahuales. Así, Nicho Aquino, el cartero preterido por la segunda tecuna, es fama que es también un coyote: esa es la razón natural de que transporte con tanta rapidez la saca del correo desde la capital hasta el pueblo, perdido en las montañas, de San Miguel de Acatán, y al revés.

Español radiactivo es la expresión que uso, tomada de Lázaro Carreter quien la utilizó para calificar le prosa de Fray Luis de León, como ya he referido por aquí en otras ocasiones. Pues ¿cómo, si no, llamarlo, sino así, con la melancolía -que es el sentimiento de la pérdida, como la que sienten los íngrimos- que provoca esta lengua desmayada de ahora, sin  la potencia explosiva que tuvo para crear, nombrándolo, un mundo que, hasta ese momento, estaba virgen y sin nombres, reinstaurando el privilegio de Adán en el origen del tiempo? Son pocos los que gozaron de este don, desde luego. Por fortuna para los contemporáneos, los libros han guardado las huellas, aunque ya sordas y desvaídas, de esas palabras primordiales  …

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Paradójico silencio en torno al descubrimiento de una carta de Rimbaud

Comparto, con esa «inmensa minoría» a la que me dirijo siempre, la versión en español de  un interesante (ponga el lector amigo el adjetivo «interesante» entre comillas) artículo publicado en Mediapart, el 6 enero de 2019 , concretamente, en el blog  Les invités de Mediapart , con el título Paradoxal silence autour de la découverte d’une lettre de Rimbaud. El autor del artículo es suficientemente claro en todo lo que respecta al descubrimiento de la carta, su tratamiento informativo en los medios franceses y el interés intrínseco de su contenido, que nos revela a un Rimbaud muy distinto al del tópico recibido, que lo encasilla perezosamente como «poeta maldito» . Mi papel, por tanto, queda reducido al de simple intermediario.

Paradójico silencio en torno al descubrimiento de una carta de Rimbaud

Doctor en ciencias políticas y apasionado por los estudios rimbaudianos, Frédéric Thomas encontró una carta del poeta, de 1874, sorprendentemente inédita, que lo muestra en relación con la red de comuneros en el exilio.  Se preguntaba por el silencio de la prensa en torno a este reciente descubrimiento.

Pocos periódicos han informado del descubrimiento excepcional de una carta desconocida de Arthur Rimbaud.  ¿Cómo se explica esta situación paradójica?

El 9 de octubre, Sotheby’s vendió la última carta de Arthur Rimbaud a su hermana por 405.000 euros.  Es imposible ignorarlo; ha estado en las noticias.  Muchos eran, de hecho, artículos, despachos y otros comunicados.  Era una oportunidad para recordar el trágico destino del poeta, para dispersar algunas anécdotas y citas, y para ceder a la magia complaciente del premio.  Y para tranquilizarse a un precio razonable sobre el supuesto destino del arte; para mantener la poesía a raya.

Al día siguiente, la revista rimbaudiana Parade sauvage publicó una carta desconocida de Arthur Rimbaud.  Sin embargo, esta «primicia» fue ignorada por la mayoría de los periódicos, a pesar de que estaban informados (con la excepción de Mediapart, que la mencionó en un artículo fechado el 24 de octubre de 2018).

La carta, que expone el sorprendente proyecto de Rimbaud de escribir «L’Histoire splendide», estaba en los archivos de Jules Andrieu.  Uno de sus descendientes, bisnieto del comunero, le dedicó una biografía: Era Jules.  Jules Louis Andrieu (1838-1884).  Un hombre de su tiempo, que la puso en línea.  Reproduce, en la página 109, una copia de esta carta.  Ahí fue donde la encontré.

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Carta inédita de Arthur Rimbaud, 16 abril de 1874 ©DR

He contactado con el descendiente (que desea permanecer en el anonimato).  Después de haber solicitado la experiencia y el asesoramiento de uno de los mejores expertos de Rimbaud, Steve Murphy, y de haberme beneficiado de la revisión y los comentarios de otros dos eminentes investigadores, Denis Saint-Amand y Robert St.Clair, he hecho pública esta carta, proponiendo un análisis detallado que intenta arrojar luz sobre su contexto, desafíos e implicaciones.

La edición del 4 de enero de 2019 del Frankfurter Allgemeine Zeitung dedicó una página entera al descubrimiento de esta carta.  ¿Cómo explicar tal diferencia de tratamiento de la información, de un país a otro -y mientras que Rimbaud sigue siendo, junto con Hugo y Baudelaire, uno de los poetas más famosos de Francia- entre una carta vendida y una carta descubierta?

¿Es el miedo a las «fake news»?  Ciertamente, es importante ser cauteloso.  Sin embargo, todo indica que la carta en cuestión es auténtica.  Además, hasta la fecha, todos los investigadores están de acuerdo en su autenticidad.  Sobre todo, esta precaución requiere más investigación, en lugar de ignorarla o silenciarla.  Sin embargo, parece que el miedo a las «noticias falsas» sirve como una excusa conveniente para la pasividad.  Tampoco debe ser visto como una conspiración de ningún tipo, ni como una disfunción, sino como una revelación de una situación.

Falta de tiempo y recursos -¿y curiosidad?-. Los periodistas tienen pocas oportunidades de verificar y cotejar la información.  Y menos aún para realizar trabajos de investigación.  Necesitan hechos en bruto, cuantificables, fácilmente asimilables y directamente explotables.  Incluso si eso significa perderse un descubrimiento, darle la espalda a la sorpresa.

De hecho, esta carta desconocida de Rimbaud avergüenza.  Su descubrimiento desestabiliza.  Porque esta carta no era conocida, por supuesto.  Pero también por su contenido -que nos invita a relanzar la investigación en torno al poeta- y su destinatario; socavando la imagen del genio solitario, del «poeta maldito», consagra la inscripción del autor de las Iluminaciones en una microrred política y cultural de los comuneros en el exilio.  Quiero decir, no tiene precio.  Definitivamente no hemos terminado; ni con Rimbaud ni con la poesía.  «A los vendedores no les falta dinero!  «(Soldes, Iluminations).

Tal vez tengamos que ponernos de su lado; Rimbaud sigue molestándonos.  La llamada que había hecho a la poesía para «cambiar la vida» resonaba a través de nosotros.  Tanto en la saturación de los medios como en nuestros silencios.  Es obvio que el descubrimiento de una de sus cartas es infinitamente más valioso para nosotros que su venta.

> Frédéric Thomas es doctor en ciencias políticas, investigador en Cetri, miembro del consejo editorial de Dissidences, autor de Rimbaud révolutionaire, Paris, L’échappée, 2019.

> He aquí el texto de la carta inédita de Arthur Rimbaud exhumada con la biografía del comunero Jules Louis Andrieu:

Arthur Rimbaud a Jules Andrieu – Londres, 16 de abril de 1874 – Carta autógrafa de los archivos de la familia de Londres, 16 de abril de 74

Señor,

– Con disculpas por la forma de lo siguiente.

Me gustaría emprender un trabajo por entregsa, con el título:  L’Histoire splendide.(Espléndida historia).  Me reservo: el formato, la traducción, (primero al inglés) el estilo debe ser negativo y la extrañeza de los detalles y la (magnífica) perversión del conjunto no debe afectar a ninguna otra fraseología que no sea la posible para la traducción inmediata – Como resultado de este resumen: entiendo que el editor sólo puede encontrarse en la presentación de dos o tres piezas muy elegidas.  ¿Necesitamos preparativos en el mundo bibliográfico, o en el mundo, para esta empresa, no lo sé?  – Finalmente, puede ser una especulación sobre la ignorancia en la que estamos ahora en la historia, (el único bazar moral que no explotamos ahora) – y aquí principalmente (me dijeron (?)) no saben nada de historia – y esta forma de especulación me parece suficiente en sus gustos literarios – Para concluir: sé cómo hacerme pasar por una persona de doble vista para la multitud, que nunca se molesta en ver, que puede que no necesite ver.

En pocas palabras (!) una serie indefinida de piezas de valentía histórica, comenzando con anales o fábulas o recuerdos muy antiguos.  El verdadero principio de esta noble obra es una reivindicación llamativa; la continuación pedagógica de estas piezas también puede ser creada por reivindicaciones al inicio de la entrega, o desprendidas – Como descripción, recordemos los procesos de Salammbô, como conexiones y exploraciones místicas, Quinet y Michelet: mejor.  Luego una arqueología ultra romántica siguiendo el drama de la historia; misticismo chic, rodando todo lo polémico; desde el poema en prosa hasta la moda local; desde la escritura de cuentos cortos hasta los puntos oscuros.

– Les advierto que no tengo más panoramas o curiosidades históricas en mente que un bachiller de hace unos años – quiero hacer un trato aquí.

Señor, sé lo que usted sabe y cómo lo sabe: pero estoy abriendo un cuestionario para usted, (esto parece una ecuación imposible), qué trabajo, de quién, puede ser tomado como el más antiguo (último) de los comienzos?

En una fecha determinada (debe ser en el futuro) ¿qué cronología universal?

– Creo que sólo debo prever la parte antigua; la Edad Media y los tiempos modernos reservados; aparte de eso, no me atrevo a prever – ¿Ves lo que los más antiguos anales científicos o fabulosos que puedo comparar?  Entonces, ¿qué obra arqueológica o crónica general o parcial?  Termino preguntando qué fecha de paz me da usted sobre el conjunto greco-romano africano.  Veamos: habrá: ilustrado en prosa a la Doré, la decoración de las religiones, los rasgos de la ley, la vergüenza de las fatalidades populares exhibidas con trajes y paisajes, – todo tomado y desenrollado en fechas más o menos atroces: batallas, migraciones, escenas revolucionarias: a menudo un poco exóticas ; sin forma hasta ahora en los tribunales o en la fantasía.  Además, una vez que el asunto esté resuelto, seré libre de ir místicamente, o vulgarmente, o hábilmente.  Pero un plan es esencial.

Aunque es completamente industrial y las horas dedicadas a la producción de esta obra me parecen despreciables, la composición no sólo me parece muy difícil.  Así que no escribo mis peticiones de información, una respuesta te molestaría más; te pido media hora de conversación, la hora y el lugar por favor, seguro de que has entendido el plan y que lo explicaremos rápidamente – para una forma increíble y en inglés.

¡Contesta, por favor!

Mis respetuosos saludos

Rimbaud – 30 Argyle square, Euston R. WC

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Poemas de Ida Vitale

Cumplimos hoy con el debido homenaje a la poeta uruguaya Ida Vitale que, a sus 95 años, ha recibido el Premio Cervantes 2018. Lo hacemos de la mejor manera posible: convocando a los amigos de este blog a la le lectura de una mínima selección de sus poemas.

Ida Vitale

Leíamos en el diario El País (15-11-2018), con motivo de la concesión del Cervantes, esta apretada síntesis de los principales hitos de su biografía literaria:

Es miembro de la llamada Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, estudió Humanidades y se dedicó a la enseñanza. Fue profesora de Literatura hasta 1973, cuando la dictadura la obligó a exiliarse en México durante una década (1974-1984).

En México, formó parte del consejo asesor de la revista Vuelta, impulsada por Octavio Paz, y fue una de los cofundadores del semanario Uno-Más-Uno, en 1982. En 1984 regresó a Uruguay, donde dirigió la página cultural del semanario Jaque, y en 1989 trasladó su residencia a Austin (Texas, EE UU), desde donde ha vuelto recientemente a su país.

Y, sin más tardanza, los versos vivos de Ida Vitale:

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti mmismootro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

Gotas

¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.

Exilios

…tras tanto acá y allá yendo y viniendo.

Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.
Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.
La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.
Se disuelve, tan solo.

Estar solo

Un desventurado estar solo,
un venturoso al borde de uno mismo.
¿Qué menos? ¿Qué más sufres?
¿Qué rosa pides, sólo olor y rosa,
sólo tacto sutil, color y rosa,
sin ardua espina.

Justicia

Duerme el aldeano en un colchón de heno.
El pescador de esponjas descansa
sobre su mullidísima cosecha.
¿dormirás tú, en lenta flotación, sobre pael escrito?

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Descodificando los premios Nobel de Literatura

Los estudios lingüísticos y literarios realizados con criterios cuantitativos, con la ayuda de algorritmos matemáticos y herramientas estadísticas, tienen poca tradición en el mundo hispánico. Más, en EEUU y la Europa del Este. Y sin embargo, son tremendamente útiles: aportan perspectivas novedosas, nos libran del espejismo de las opiniones y se muestran como evidencias científicas.

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Entre las excepciones, me parece especialmente meritosa la investigación que Rosa Navarro Durán (filóloga de la Universidad de Barcelona) llevó a cabo sobre la autoría del Lazarillo de Tormes, considerada tradicionalmente como obra anónima. Demostró, con ayuda de estudios de frecuencia léxica, y con todas las herramientas que el estudio directo de las fuentes le permitió, que el autor de esta obra clásica fue Alfonso de Valdés, el humanista de la corte del Emperador. Como España es así, Rosa Navarro ha tenido que luchar con el Argumento de Autoridad -en este caso, el prestigio, algo mafioso de Francisco Rico, que pasa por ser el mayor experto en este libro, que defiende con uñas y dientes su anonimato. Afortunadamente, cada vez más editoriales sacan a la luz Lazarillo de Tormes como obra de Alfonso de Valdés.

En el ámbito de la sociología, este tipo de estudios son más abundantes, como es natural dada la lex artis de esta ciencia. Recuerdo dos que me resultaron especialmente interesantes: uno sobre los usos y significados del término «populismo», tan de moda en los últimos tiempos, a través de distintas publicaciones desde el siglo XIX, demostrando que la alternancia entre significados positivos y negativos, ayudaba a entender por qué ahora hay un consenso en diferenciar populismos de izquierdas y derechas. El otro, más exhaustivo, rastreaba estadísticamente afirmaciones, usos sintácticos y metáforas, que proliferaron en las publicaciones universitarias norteamericanas en los últimos años 70 y primeros 80 sobre economía política, que prepararon el terreno «intelectual» para el advenimiento, triunfo y extensión de la visión neoliberal del capitalismo, que tan terribles consecuencias ha tenido para nuestras sociedades.

* * *

Pero el estudio que quería traer aquí a colación es mucho más humilde y de interés más restringido, pues se trata solo de un análisis cuantitativo y cualitativo sobre lo que su autora (Jennifer Quist, NLR, ed esp. 104) llama «el movimiento del capital cultural a través de la literatura mundial». El corpus de su estudio se limita a las declaraciones públicas de la Academia sueca, sus comentarios y sus esquemas biobibliográficos sobre los distintos escritores premiados, sin tener en cuenta los datos objetivos sobre su vida y obra, ni la visión personal de los mismos autores, o lo que los propios críticos literarios hayan escrito sobre sus obras o importancia.

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El análisis cuantitativo de ese soporte textual permite descubrir el sesgo político y cultural de los autores premiados, cómo la Academia sueca ha privilegiado siempre una serie de características vitales, ideológicas y literarias. Esas variables se pueden resumir en:

  • Historias personales de exilio.
  • Ascenso desde clases sociales humildes.
  • Inclinaciones personales hacia el individualismo y ciertas formas de revolución «tolerables».
  • El uso casi exclusivo de referencias occidentales a la hora de establecer las influencias literarias de los escritores premiados.
  • Las referencias a contenidos o inspiración autobiográficos en sus obras.
  • El multilingüismo, salvo en los escritorios ingleses, que no presentan el dominio de otras lenguas salvo la suya (ver mi entrada reciente sobre el idioma inglés y el solipsismo estadounidense).

La secuencia temporal para el estudio se centra en el periodo que va desde 1992 (final de la Guerra Fría) hasta nuestros días.

El método seguido consistía en que cuando aparecían esas variables, el premiado era señalado como positivo en cuanto a esa variable. Los resultados se tabularon asignando valores numéricos a las variables tipificadas en esos escritores premiados, con la intención de reflejar en qué medida encajaba cada uno de los galardonados en el perfil ideal (recordemos que solo se manejaron declaraciones y encomios «oficiales» de la Academia sueca) de un Premio Nóbel de Literatura.

Los hallazgos generales, para el periodo estudiado (desde 1992 hasta nuestros días), fueron interesantes:

  • Un 78% de los premiados han sido hombres, frente a un 28% de mujeres.
  • El 68% de los premiados vivían en Europa en el momento de recibir el premio, frente a un 20% en las Américas, un 8% en Asia, un 4% en Australia y ninguno en África. Muy significativo.
  • El idioma más común era el inglés (un 36%) seguido del alemán (un 16%).

Las seis variables estaban representadas en todos los premiados, incluido el polémico Bob Dylan, que puntuaba en la zona media de la tabla. La puntuación media se puede considerar como de 4,2 sobre 6. La máxima puntuación, la de quienes cumplían todas las características del perfil ideal de un Nóbel, la obtuvieron cuatro escritores: J. M. Coetzee, Gao Xingjian, Herta Müller e Imre Kertész. El segundo lugar, con 5 de las 6 variables, lo ocuparon seis premiados: Seamus Heaney, Doris Lessing, Günter Grass, Wislawa Szimborska. Elfriede Jelinek y Jean-Marie Gustav Le Clézio. Con cuatro variables hubo cinco galardonados: Toni Morrison, V. S. Naipaul, Kenzaburo Oé, Orhan Pamuk y Bob Dylan. Mario Vargas Llosa, Mo Yan, José Saramago, Harold Pinter, Darío Fo, Derek Walcott y Tomas Tranströmer reunían 3 de las 6 características. Con solo dos de las variables, estaban Svetlana Alexievich, Patrick Modiano y Alice Munro. Estas últimas puntuaciones bajas, según señala Quist, se produjeron en premiados entre los años 2013 y 2015, lo que se puede interpretar como un cambio incipiente de cara al futuro en el perfil ideal de un Premio Nóbel de Literatura vigente hasta ahora.

El resto es más prolijo y de menor interés general (quiero decir, para alguien no muy apasionado de estas cosas), así que no me detengo en ello para no abrumar a los amigos que me han leído hasta aquí.

Concluyendo, el retrato-robot obtenido en este estudio es el siguiente:

El candidato ideal al Premio Nóbel de Literatura es un varón, que trabaja en una lengua de la familia anglo-alemana, es étnicamente europeo y vive, normalmente, en ese continente. Es un rebelde asimilable, individualista y que asume riesgos. Procede de raíces humildes, o al menos, de clase media, a pesar de lo cual ha obtenido renombre internacional. Su obra tiene influencias de la de otros escritores occidentales, de forma casi exclusiva. Su obra se inspira en su mayor parte en acontecimientos de su propia vida y, con toda probabilidad, no es un traductor.

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Tres poemas de Joan Margarit

Joan Margarit i Consarnau es uno de los grandes poetas vivos en catalán y castellano. Él mismo escribe las versiones en español de sus poemas escritos en lengua catalana. Luis García Montero, conocido escritor granadino amigo suyo, con el que ha presentado libros y recitado poemas muchas veces, le escribía en una carta pública:

Querido Joan Margarit, no sé si te he contado que mi nuevo ordenador me saluda y me despide en catalán. Lo compré estas pasadas navidades, porque el antiguo andaba mal, muy fatigado por el uso de los años, los versos, los artículos, las novelas y las navegaciones. Cuando lo puse en marcha, su sistema operativo utilizó tu lengua. Cada vez que lo enciendo, me abraza con un Benvingut. Cuando lo cierro, me da tres opciones: Atura temporalment, Tanca y Actualiza y reinicia.

No es el único caso, ni mucho menos, de amistad y admiración mutuas entre escritores en castellano y las otras lenguas de España. En los inicios de este canal, ya traíamos a colación la amistad entre Unamuno y Maragall, con su poema «La vaca cega» en las dos versiones. Ojalá su ejemplo cundiera entre tantos españoles intoxicados por la incomprensión y el desconocimiento mutuos. En su página personal, Joan Margarit, se pueden encontrar notas biográficas, sobre su poética y leer y oír muchos de sus poemas. Su obra es ya inmensa y tiene múltiples registros. Los tres poemitas que comparto aquí (en su versión en castellano) son solo una elección personal, una vía de acceso, como otras posibles, a la obra de un gran poeta apasionado y vivo.

Principios y finales

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Una vez fui una chica con futuro.
Leía en latín a Horacio y a Virgilio
y recitaba a Keats completo de memoria.
Al entrar en sus cuevas, los adultos
me capturaron: comencé a parir
hijos de un hombre necio y vanidoso.
Ahora cuando puedo lleno el vaso
y lloro al recordar algún verso de Keats.
Una mujer ignora, cuando es joven,
que no hay lugar alguno
donde poder quedarse para siempre.
Y no comprende porque nunca llega
aquel o aquella donde hallar descanso.
Las muchachas lo ignoran: los principios
no se parecen nunca a los finales.

Del libro El primer frío

CASA DE MISERICORDIA

El padre fusilado.
O, como dice el juez, ejecutado.
La madre, ahora, la miseria, el hambre,
la instancia que le escribe alguien a máquina:
Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,
Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos
en esta Casa de Misericòrdia.

El frío del mañana está en la instancia.
Hospicios y orfanatos fueron duros,
pero más dura era la intemperie.
La verdadera caridad da miedo.
Igual que la poesía: un buen poema,
por más bello que sea, será cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
la última casa de misericordia.

Del libro Casa de misericordia

VENGO DE ALLÍ

Vivo en ciudades de edificios altos,
al sesgo y que se inclinan
para exhibir, suntuosos,
la fuerza del peligro y de la insensatez.
Son titanio y cristal reflejando las nubes.
Pero la vida son también andamios,
humildes esqueletos hacia arriba.
Como un traidor de Shakespeare,
la opulencia planea siempre un crimen.
Y yo soy una carta mal escrita
por la gente que abrió
paso al agua hasta el fondo de los huertos.
Vengo de allí. Lo que haya en mí de noble
sólo puede venir de la pobreza.
Ella con humildad retira el andamiaje
y deja muros rectos, verticales y clásicos.
Ella apartó la tierra con la azada.
La he conocido. Sé qué es.
No voy a confundirla con lo otro,
lo que hay de miserable en la opulencia.

Del libro Amar es dónde

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Gioconda Belli, "Amo a los hombres y les canto"

Para quien no conozca la poesía de la escritora nicaragüense Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948), tumultuosa, alegre y retozona como un niño, terremoto o maremoto, pagana y cósmica, «fieramente humana», este poema, tal vez, puede ser una sorpresa, un regalo especial que espero que disfruten amigos y lectores. Acompaño «estos poemas que escribo y lanzo al viento» de un vídeo (al final de la entrada) compuesto por Mercedes Pérez, a quien pertenece también la voz, para los enamorados de la imagen y la escucha más que de la lectura.

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Amo a los hombres
y les canto.

Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos,
los sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma…

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos construido todos.

Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes…

Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!

Vídeo-Poema. Poema de Gioconda Belli en la voz de Mercedes Pérez. Composición Mercedes Pérez.

AMO A LOS HOMBRES Y LES CANTO. Gioconda Belli
by Mercedes e Isabel on YouTube

Dice el wikipedista de su obra poética:

Sus poemas aparecieron por primera vez en el semanario cultural La Prensa Literaria del diario La Prensa de su país. Su poesía, considerada revolucionaria en su manera de abordar el cuerpo y sensualidad femenina, causó gran revuelo. Su libro Sobre la grama le valió en 1972, el premio de poesía más prestigioso del país en esos años, el Mariano Fiallos Gil de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). En 1978 junto a Claribel Alegría, obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas en el género poesía por su libro Línea de Fuego, obra que escribió mientras se encontraba viviendo exiliada en México a causa de su activismo revolucionario y que refleja su sentir sobre la situación política de Nicaragua.

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Las cosas y las causas (a propósito de un poema de Juan Ramón Jiménez)

La cosa es que me ronda hace tiempo la sospecha de que Juan Ramón Jiménez, en un poema de Eternidades (1918), jugaba con la etimología de «cosas» (lat.: «causa», que dio en el doblete léxico en español, con el que titulo: cosa / causa) creando, así, lo que podemos llamar un campo semántico en la sombra, ad phantasmam, que enriquece enormemente la lectura del poema. El poema es este:

¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
…Que mi palabra sea la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

El nombre exacto de las cosas
Si damos por buena la interpretación, Juan Ramón, con ese campo semántico fantasma, dice, en realidad: «¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las causas!». Es decir, no pide al Logos precisión, sino la razón del Ser; no es nominalismo, es filosofía perenne. «Que por mí vayan todos / los que no las conocen, a las causas»: la poesía, preñada de metafísica, como camino a la verdad, como salida de la ignorancia: es decir, la poesía como Paideia. «Que por mí vayan todos / los que las olvidan, a las causas»: la anamnesis, la reminiscencia de Platón: vale decir, la poesía como memoria rescatada…

Pero es que, además, creo ver en la invocación a la Musa del Proemio de la Eneida, la misma que, como un mantra, repite Juan Ramón en este hermoso poema:

Musa, mihi causas memora (v. 8)

Si hacemos ahora la inversión contraria, en castellano, el verso de Virgilio quedaría así: «Musa, cuéntame (o recuérdame) las cosas». Solo hay que cambiar Musa por Intelijencia, que en el mundo léxico de Juan Ramón podemos considerar, sin quebranto alguno, ceteris paribus, como equivalentes..

La invocación a la Musa, en Virgilio, o la Intelijencia (el Logos), en Juan Ramón, cabe interpretarla, pues, como la búsqueda de una verdad original a la que solo es posible acceder mediante la poesía. Dicho de otra manera: el poeta invoca el acorde secreto en que poesía y filosofía se encuentran. Del mismo modo que Virgilio invoca la Musa para encontrar el cruce de caminos entre Poesía e Historia, entre Verdad y Mito fundacional. ¿También Juan Ramón Jiménez pide ayuda a la Intelijencia, al Logos, en estos versos mágicos de Eternidades, para fundar y fundir Verdad y Mito, Historia y Eternindad? Algo de eso creemos ver y oír tras «el nombre exacto de las cosas»…

Post Scriptum

Tengo que interpretar, con más desarrollo, el verso «Que mi palabra sea la cosa misma». Tlapil una amiga de Redmatrix, que leyó el borrador de esta entrada, comentaba, a propósito de este verso:

Este poema, y el texto que lo acompaña, ha hecho derivar mis pensamientos. Recordé un ritual wirarika, en donde la palabra transforma la realidad:

A media noche, alrededor de una fogata, un cantador hace poesía. De pronto calla, los presentes nombran palabras cuyo significado ha sido alterado. Se le dice; sol a la rana, lago a la noche o durazno a la nube. Eso, que parece un juego, logra «detener el mundo» por un instante, permitiendo entrever la esencia de la existencia.

Me pareció ver similitudes, entre lo publicado y este recuerdo.

El recuerdo de mi amiga mejicana es hermoso y lo guardo como mío. Pero, además, debo extrapolar el sentido del verso y ponerlo en relación a:

  • La función mágica del lenguaje de que habló Jakobson, que nunca se cita junto a las funciones canónicas de los libros de texto, que todo el mundo (que haya sufrido las clases de Lengua en España, al menos) recuerda.

  • Las performatives sentences de John Austin.

  • Las ideas sobre la Semántica de las lenguas de Ramón Trujillo (las palabras son cosas).

Lo anoto aquí como una revisión y ampliación pendientes.

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Filántropos a la fuerza

De Los filántropos en harapos1, de Robert Tressell, dijo George Orwell que debería ser un libro de lectura obligatoria para todo el mundo. En lo personal, es la novela que a mí me hubiera gustado escribir. Como ha sucedido tantas veces en España con los libros verdaderamente importantes, ha permanecido inédita e ignorada en nuestra lengua hasta el 2014, desde el lejano 1914 en que se publicó la primera y póstuma edición en lengua inglesa.


Work Or Riot

Este es un libro necesario, tanto ahora como cuando fue escrito, porque, en sus setecientas y pico páginas -en la cuidada versión española de Capitán Swing- de lectura provechosa, pululan las vidas cotidianas de un grupo de trabajadores de la construcción en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, en una dificilísima alternancia y cruce -pero que el arte de Tressell consigue que sean equilibrados- con las de un buen haz de cristianos hipócritas, en tanto cínicos y crudelísimos explotadores del trabajo ajeno, que son los beneficiarios de la filantropía forzada de los obreros. Todo ello entreverado, a modo de trama y urdimbre, con la divulgación de las ideas y propuestas socialistas de la época, sin que falten magníficos ejemplos de la retórica política de aquellos años.

Demasiado lento, demasiado esmerado…

Es la novela que me hubiera gustado escribir porque en ella los protagonistas absolutos son los trabajadores: los eternos ausentes de la literatura que yo siempre eché de menos en los libros porque, en una paradoja que no entendía, formaban parte, sin embargo, del paisanaje real de mi infancia y juventud. Aquí los he encontrado por fin, en los personajes redondos de esta cuadrilla de carpinteros -mi padre lo era-, pintores y decoradores que comparten el frío de las mañanas en la obra, los periodos de paro y zozobra, las compras de los alimentos de fiado para entretener el hambre crónica y la contabilidad imposible de hoy para mañana; están hermanados por las ropas remendadas o las botas rotas con los pies mojados de los días de lluvia, tanto como por el instinto del apoyo mutuo cuando alguno de ellos cae, como sucede con el viejo Charles Linden, despedido por ser «demasiado lento» en el trabajo. Para él y su familia, sus compañeros consiguen reunir entre todos, sumando penosamente las ínfimas monedas que componen su capital, un pequeño fondo de resistencia para el primer arrechucho del paro, que será, debido a su edad -que lo pone en desventaja en el ejército de desempleados de reserva– definitivo. Solo terminará con su enajenación, pasión y muerte, pues es sabido que los dioses traman la locura de los hombres antes de su destrucción. O, más adelante, la mínima bolsa de ayuda que, a instancias de Philpot, consiguen reunir también para auxilio de la familia de Newman, otro despedido por poner «demasiado esmero en el trabajo». Su mujer, con tres hijos pequeños -imposibilitada, por tanto, de buscar trabajos de costurera, los únicos accesibles para una mujer-, queda al borde del desahucio cuando su marido es condenado a un mes de prisión por no haber pagado «la triste Contribución». La paródica caridad de la Junta de Beneficencia otorga a la familia desamparada una «triste» ayuda de tres chelines semanales…

Linden, por su parte, es un veterano trabajador, despedido a causa de la obsesiva búsqueda de productividad (el ajuste eterno del capital: mínimo presupuesto, mínimo tiempo de trabajo, máxima producción, sin que importe la calidad de la mercancía así creada) por parte de «Miserias» -el capataz, mano derecha del empresario, el corrupto Rushton- que ya ha pensado en un joven desempleado para sustituirle ventajosamente. ¿Le suena al lector? Pero Charles Linden es una paradoja viva, en la que el novelista va a hurgar más veces: este pintor se considera a sí mismo un conservador, de alma y voto; es un patriota (veterano de la guerra de los Boers) que defiende con vehemencia el status quo de la sociedad inglesa en la que se ha sentido integrado siempre, pese a haber perdido, en su nombre, a su único hijo, otro trabajador, también en en una hecho de armas. Su mujer, de modo complementario, es la perfecta casada, en el sentido tradicional cristiano.

Siembre ha habido ricos y pobres

Tressell fue capaz de crear, con los pobres de una pequeña ciudad sureña de la Inglaterra colonial, un epos que huye del sensacionalismo o la sordidez tanto como del panfleto o la soflama. Una trama en la que conviven sin estridencias el halo trágico de unos personajes de dignidad insobornable con la miseria moral y la degradación de muchos otros, sin aburrir ni apelar a la piedad a del lector, como ocurre tantas veces en la literatura de Galdós, Dickens o Dostoievski. Sin caer tampoco en la literaturización excesiva, en el envaramiento épico que atiesa y distancia la lectura de los relatos de Ignacio Aldeoca o Armando López Salinas, por poner ejemplos cercanos de nuestra literatura social realista. La integración en la trama narrativa de los discursos de Owen (el alter ego de Tressell, un decorador habilidoso y culto, convencido, como su mujer, de la causa socialista, en cuyo imaginario educan a su pequeño y espabilado hijo Frankie) la consigue este exquisito novelista mediante el artificio de integrarlos en las charlas del almuerzo en el tajo o, más adelante, en el ocio forzoso de los días fríos y lluviosos del invierno, cuando toca trabajar en el exterior. Se convierten, pues, en diálogos espontáneos y naturales, que están guiados más por el sentido común que por la propaganda. Así, en la primera parte de la novela -la versión reducida que se publicó en 1914 y que acababa en el capítulo 34, justamente con Owen aterido de frío, tosiendo sangre, asediado por ideas de suicidio y a punto de claudicar- la pregunta que todos le hacen obsesivamente, una y otra vez, a este trabajador ilustrado, es sobre la naturaleza y las causas de la pobreza. Owen, que tendrá que responder a ello otras veces más, en sucesivas ampliaciones de la conversación, la define, tras oír el tradicional tópico de descargo de boca de Charles Linden («No le veo ningún sentido a toda esta cháchara. Siempre ha ha habido ricos y pobres en el mundo y siempre los habrá.») así:

A lo que llamo pobreza es cuando las personas no pueden disfrutar de todos los beneficios de la civilización; de lo necesario, las comodidades, los placeres y las exquisiteces de la vida, del tiempo libre, los libros, los teatros, de los cuadros, de los cuadros, la música, las vacaciones, los viajes, de casas buenas y bonitas, de ropa buena, comida rica y agradable. (…)

Si un hombre solo puede cubrir las necesidades más básicas de su existencia y la de su familia, la familia de ese hombre vive en la pobreza.

Un cuento de Navidad

Tampoco se rehuyen, en esta ficción verdadera, momentos de anticlímax llenos de alegría íntima y calidez, de estirpe evangélica y dickensiana, como las navidades de la familia de Owen, temporalmente ampliada con los nietos de Linden, los tres hijos de Newman y sus compañeros Philpot, fiel amigo y discípulo, y el joven aprendiz Burt, los dos trabajadores solteros ( en el sentido etimológico de «solitarios», también) que mantienen con Owen y su prole una relación de amistad, afinidad ideológica y admiración. He aquí esta sagrada familia obrera; Owen se mueve sigiloso en el silencio frío de la casa en la Nochebuena, tras haber preparado el árbol y los regalos para los fastos del día de Navidad:

Llevaban casados poco más de ocho años y, aunque durante todo este tiempo nunca habían vivido realmente libres de angustia por el futuro, no obstante en ninguna navidad anterior habían estado tan pobres como ahora. En los últimos años, poco a poco, los periodos de desempleo se habían ido volviendo cada vez más frecuentes y prolongados y la tentativa que él hizo a principios de año de encontrar trabajo en otra ciudad sólo había servido para sumirlos en una pobreza aún mayor. Pero, de todas formas, había muchas cosas por las que estar agradecido: por pobres que fueran, les iba mucho mejor que a muchas miles de personas. Todavía tenían comida y cobijo y se tenían el uno al otro y al chico.

Antes de marcharse a la cama, Owen llevó el árbol al dormitorio de Frankie y lo colocó de tal manera que pudiera verlo en su fabuloso esplendor en cuanto se despertara el día de Navidad.

La celebración de este día en casa de Owen, con la incorporación de la chiquillería de los compañeros caídos, Linden y Newman, y de los dos obreros solteros y solitarios, Philpot y Bert, es, quizá, la escena más luminosa de todo el libro: reparto de juguetes, dulces, juegos de cartas («Arruina al vecino…») intencionados y el no menos intencionado Pandorama que ha diseñado y construido el joven Bert, el aprendiz. Bert, que fue vendido por su viuda madre a Rushton y Cía mediante un semiesclavista contrato de aprendiz, deslomado y encanijado por el trabajo más degradante de toda la cuadrilla, muestra su ingenio mediante este teatrillo hecho con cartones de desecho y fotografías de semanarios ilustrados: con la ayuda de dos rodillos movidos mediante una manivela, las fotografías -coloreadas con acuarela- de diversos lugares del mundo, van desplegando, entremezclado con disparates cómicos, un «Teatro Crítico Universal» improvisado que hace las delicias de los niños…

La gran comilona o los destellos de luz en la caverna

El contrapunto lo ofrece, en otro lugar de la novela, la hipócrita «gran comilona» que la empresa ofrece anualmente a sus obreros en un restaurante de las afueras. Tressell adopta una perspectiva cinematográfica en planos y secuencias; en ocasiones, como la carrera involuntaria y absurda entre los vehículos de tiro animal en que realizan el viaje de vuelta, con una comicidad espectacular propia del cine mudo. El autor no lanza puntada sin hilo y la carrera sirve para que el miedo cambie de bando, como se dice hoy en los medios revueltos de Internet: los viajeros del carromato en que viajan Rushton y compañía se ven atenazados por el terror que les produce la persecución, llena de justicia poética:

El cochero borracho se imaginó entonces que estaban echándole una carrera y alimentó la decisión de adelantarlos. (…)

Los gestos y gritos aterrorizados del grupo de Rushton solo sirvieron para enfurecerlo, pues pensaba que estaban burlándose de él porque no era capaz de superarlos. (…)

Delante, los caballos del transporte de Rushton también galopaban al máximo y el vehículo saltaba y daba tumbos de un lado a otro del camino mientras sus aterrorizados ocupantes, cuyos rostros habían empalidecido de miedo, se aferraban a sus asientos y los unos a los otros catapultando sus ojos fuera de sus órbitas al volver la vista atrás hacia sus perseguidores (…)

Tressell introduce el capítulo dedicado a esta inusual convite como uno de los pocos momentos de ruptura que trastocan el aburrimiento cotidiano de las vidas de los obreros y la monotonía (social, pero también fisiológica en tanto que su pobrísima dieta, por una vez, se parece a la de sus explotadores, los beneficiarios de su filantropía forzada…) en que transcurren:

Ocasionalmente penetraba un efímero destello de sol en la penumbra2 en la que se desarrollaban las vidas de los filántropos. La desalentadora monotonía se veía animada de vez en cuando por algún diminuto regocijo inocente. (…)
A veces las personas en cuyas casas trabajaban los agasajaban con té, pan con mantequilla, bizcocho o algún refrigerio ligero y, de cuando en cuando, incluso con cerveza. (…)
Pero el acontecimiento del año sería la comilona, que se celebraría el último sábado del mes de agosto, después de que lo hubieran estado pagando a lo largo de cuatro meses.(…)
La comida no dejó nada que desear; era casi tan buena como las que se pegan a diario las personas que son demasiado perezosas para trabajar, pero lo bastante astutas como para conseguir que los demás trabajen para ellos.

La comida se describe como en los mejores sueños de nuestro Carpanta, el personaje protagonista del tebeo español que evocaba, de forma obsesiva, los años del hambre de la posguerra:

Hubo sopas, varios entrantes, guiso de capón, asado de pavo, ganso asado, jamón, col, guisantes, alubias y dulces en abundancia, pudin de ciruelas, crema de natillas, gelatina, tartas de frutas, pan y queso y toda la cerveza o limonada que se les antojara pagar, pues las bebidas se cobraban aparte (…)

La historia del futuro

Hemos escrito muchas veces que el capitalismo es un régimen nihilista y punk cuyo lema fundamental es no future. El futuro en nuestras sociedades no existe sino en la regla del interés compuesto, en la tasa de crecimiento suicida de capitales y beneficios. Solo eso explica la paradoja mortal del crecimiento y el progreso perpetuos que aún rige como insignia y bandera de nuestras vidas. La vida de los trabajadores de La Caverna está sometida a esta ley, mucho más inexorable en los años en que transcurre la historia, anterior al sueño consumista que aún tardaría en llegar con su nuevo paradigma y fatua promesa de felicidad y abundancia -también «trabajo en abundancia», como reclaman Crash, el jefe de obra, y los obreros conservadores. Owen, en una noche de insomnio, hipnotizado ante la luz titubeante de un candil, piensa en ese robo del futuro, entendido como un territorio habitable y consolador:

Unos cuantos años antes, el futuro parecía una región repleta de halagüeñas posibilidades maravillosas y misteriosas, pero esta noche el pensamiento no arrojaba ninguna de esas ilusiones pues sabía que la historia del futuro iba a ser muy parecida a la historia del pasado.

La historia del pasado continuaría repitiéndose durante unos cuantos años más. Él seguiría trabajando y los tres seguirían pasando sin las cosas necesarias de la vida. Cuando no hubiera trabajo, pasarían hambre.

No se preocupaba mucho por sí mismo porque sabía que en el mejor, o el peor, de los casos solo serían muy pocos años. Aunque cuando dispusiera del alimento y la ropa adecuada y pudiera cuidar razonablemente de sí mismo, no viviría mucho más; y, cuando llegara ese momento ¿qué iba a ser de ellos?

Habría cierta esperanza para el chico si fuera más fuerte y su temperamento fuera menos amable y más egoísta. Bajo el sistema vigente era imposible que nadie triunfara en la vida sin dañar a otras personas y sin tratarlos y utilizarlos como a uno no le gustaría que lo trataran y utilizaran.

Este sistema, que Owen llama -en sus explicaciones a los compañeros en la hora del almuerzo- «la lucha por la vida», es el que hace inviable el futuro: la división social del trabajo, el individualismo más feroz, el fatalismo con que los trabajadores asumen el mismo destino para sus hijos, cumpliendo así lo que Marx llamaba las condiciones de reproducción de la sociedad capitalista: la reproducción biológica de más trabajadores junto con la reproducción ideológica mediante el tinglado político, educativo y propagandístico.

En la tienda no venden amigos

El futuro solo es visible en las partes más discursivas e ideológicas de la novela. Especialmente en el gran discurso3 de Barrington, un falso obrero, siempre en la zona en sombras de la cuadrilla, según descubrimos al final -es, realmente, un miembro desclasado de familia acomodada pero tolerante, culto y sensible militante socialista que deseaba conocer la realidad del mundo del trabajo. Aunque habíamos conocida sus dotes oratorias en un discurso interrumpido, abrupta y voluntariamente, durante la comilona, es en un día desabrido que amenazaba lluvia, justo cuando la faena que quedaba pendiente tenían que culminarla en el exterior, cuando oímos de él la proyección verbal del único futuro que les es posible: el que deben construir con su lucha. La teatralización del discurso es ya completa, en contrapunto y palimpsesto de las retóricas huecas que ya habíamos conocido de la disputa electoral reciente entre liberales y conservadores. El púlpito del Orador4, el cartel que anuncia el mitin, los asientos del público están conformados, en festiva parodia, por tablas, andamios y cajas vacías de la obra (con arreglo al simbolismo de los nombres, están ahora en «El Refugio», ya no en «La Caverna») y contará con un turno de preguntas y réplicas del público.

Es así como Barrington desbroza por fin la nueva sociedad, insinuada a lo largo del relato. La utopía que despliega, con un papel estelar del estado, como era natural en las propuestas socialistas de la época, nos suenan hoy a ingenuas y como sobrepasadas por la realidad histórica. Pero no se engañe el lector con esa impresión primera: la lectura de ese discurso tiene aún potencia y garra contagiosas. La idea del apoyo mutuo, que responde en el libro al concepto de Co-operative commonwealth o Sociedad Cooperativa, reclama una mayor atención para un lector contemporáneo, porque sobrepasa en mucho las tristes expectativas del movimiento cooperativo actual y sus humildes propuestas de mejora en las condiciones laborales, en las coordenadas de lo que llamamos genéricamente economía social, pero sin ningún horizonte utópico a la vista. Terminaba Barrington con estas alzadas palabras:

Estos son los principios según los cuales se organizará la Sociedad Cooperativa del futuro. Un estado en el que nadie recibirá distinciones ni honores por encima de sus compatriotas salvo por la Virtud o el Talento. Donde ningún hombre encontrará beneficio en el perjuicio de otro y donde ya no habrá amos ni criados, sino hermanos, hombres libres y amigos…

Saint-Exupéry decía en su El Principito que los hombres ya no conocen nada, porque todo lo compran hecho en las tiendas y que, como en las tiendas no venden amigos, ya no tienen amigos. Los obreros que viven para siempre en este inmenso fresco de Los filántropos en harapos sí tienen amigos, porque apenas compran en las tiendas y porque construyen con sus manos las casas y cosas del mundo. Anteriores a la actual somatización y medicalización de las desdichas propias del trabajador posmoderno, atisbaban que la amistad y la ayuda mutua, con la estupenda medicina de unas pintas de cerveza en la taberna cuando atenaza la tristeza, en las charlas tontas o tremendamente serias con que acompañan sus sobrios almuerzos, estaban los travesaños de la única, larga y penosa escalera de Jacob -como la que tenían que aupar para la pintura de la alta torre de El Refugio– que les permitiría el asalto de los cielos… Tal vez solo por volver a sentir ese vértigo merezca la pena sumergirse en la lectura de este libro ejemplar.


  1. Tressell, Robert, Los filántropos en harapos, Madrid, Ed. Capitán Swing, 2014.
    Dice el autor de su obra, en el resto de prólogo que nos ha llegado:
    «Los filántropos no es un tratado, ni un ensayo, sino una novela. Mi principal objetivo era conseguir una narración asequible, desbordante de interés humano y basada en los sucesos de la vida cotidiana en la que el tema del socialismo se abordara de manera secundaria. Esa fue la tarea que me propuse.» 
  2. No hay que olvidar que la mayor parte de la narración transcurre en una casa de campo que la cuadrilla de Rushton y Cía están restaurando que se llama, en clara alusión platónica, La Caverna
  3. Capítulo 45, páginas 583 en adelante de la edición que manejamos. 
  4. Tressell usa con profusión, a lo largo de la novela, el simbolismo nominal que incluye los genéricos: el Orador -Barrington, que desplaza a Owen ahora en esa personificación-, la Iglesia del Sepulcro Blanqueado, el Medio Borracho… 

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