Tiempo libre, tiempo esclavo

Da muchísima grima la naturalidad con que el esclavo adopta el lenguaje del amo, los trabajadores la lengua y razones del patrón y los consumidores, desclasados y en crisis que somos ya todos, seguimos hablando, con tan pasmosa inconsciencia, de nuestro tiempo libre o de vacaciones o nos esperanzamos en inciertos retiros aplazados en las fronteras difusas de la ancianidad. Puesto que todas los conceptos se definen por sus contrarios, una idea recibida (¡qué precisa es esta expresión que tanto gustaba a Flaubert!) como la de “tiempo libre” sólo se puede entender frente a un tiempo esclavo. Así está dispuesto en el cielo de las ideas de Platón, inmutables y muertas como números. Con ellas únicamente podemos hacer retruécanos, por ver si nos liberamos de su maleficio, como el que yo hacía en mis 15 Asaltos de que estamos condenados a la pena de trabajos forzados, pues es lo mismo afirmar que estamos forzados al trabajo. Tanto como condenados a la diversión, los viajes y el ocio, que son su contrario y están, por tanto, sujetos a la misma ley.

"Salida de la fábrica", de los Hermanos Lumière.
“Salida de la fábrica”, de los Hermanos Lumière.

Es así que todos andamos ya, los que aún trabajamos -los que no lo hacen, encuadrados en el ejército de reserva de mano de obra barata universal, quieren hacerlo: es lo mismo-, planeando, aunque sea aún vagamente, el periplo de las vacaciones, las inquietudes y expectativas renovadas -por más que siempre se muestren vanas- de un tiempo libre que nos permita recuperar, mediante la diversión y el ocio, la vida buena, sacudirnos, como de un mal sueño, el cansancio de trabajar. No nos damos cuenta de que el ritmo mecánico y acelerado del trabajo y el consumo ocupa, como los gases, todo el tiempo disponible que deviene, así, en el tiempo vacío y muerto a que nos ha acostumbrado desde hace siglos la civilización del capital. Los herederos del hombre-masa del siglo XX nos hemos transformado ya en estereotipos y la diversión (a pesar de que, en su engañosa etimología significa “alejar”, di-vertere) está petrificada en repetición y aburrimiento.

Los anuncios televisivos ya nos van persuadiendo de que llega el tiempo de adquirir productos o estrategias para perder kilos, disimular mollas o broncear nuestra castigada piel. La promesa de felicidad plausible o simple diversión que nos traerán el sol, las vacaciones y el hermoseo de nuestros cuerpos volverá a funcionar pues la aceleración del tiempo del capitalismo es también la aceleración del olvido. El tiempo libre es también tiempo esclavo, la diversión es trabajo que consume mercancías y fetiches que consumen, a su vez, el tiempo laboral de otros: hoteles, bares, discotecas, chiringuitos, autobuses, trenes, aviones… Como advertía, con su lucidez hiriente, Th. W. Adorno, el “siempre lo mismo” es el precio que nos hace pagar la razón ilustrada del capitalismo por la engañosa sensación de tranquilidad que nos da, a cambio de nuestra renuncia a la libertad, la justicia y el placer, nos ofrece este tiempo plano y vacío en el que la felicidad es siempre una promesa continuamente postergada. La diversión es aburrimiento planificado, la cultura se reduce a distracción mercantilizada.

La melancolía del domingo se define por la ilusión renovada del viernes, en un ciclo infernal de fábrica fordista en el que no reparamos siquiera. El alcohol, el pitillito, el baile extenuante, la excursión fugaz que sólo sirve para contarla a la vuelta cosificada en fotografías, la exposición, el museo o el cine, aceleran el olvido que devuelve vigencia y novedad a la próxima escapada, di-vertere, escaparse. Para volver, pues el tiempo libre está medido con exactitud, en su duración y precio: la vida buena es cara y, aunque hay otra más barata, esa ya no es vida, como le gustaba decir a una amiga sevillana. Como la acedia de los monjes medievales, la melancolía y aburrimiento del domingo se cura con el lunes; la del lunes, con el viernes y su promesa siempre rota. Siempre lo mismo.

salidasEl poeta francés Francis Ponge contaba así la salida del trabajo: “un timbre estridente invita a desparecer de manera inmediata de estos lugares. Reconozcamos que nadie necesita que se lo digan dos veces. Una loca carrera se disputa en las escaleras”. Como la desbandada de los chicos tras la última sirena del viernes, turba ruit… Terminemos con este mismo poeta, que fue capaz de dedicar versos hermosos a la casita humilde del caracol y que comparó el rastro de su baba sobre la tierra a la dignidad del hombre: “Cada uno cree que se mueve con libertad, porque lo obliga una opresión extremadamente simple, que no difiere mucho de la gravedad: desde el fondo de los cielos la mano de la miseria hace girar el molino”. Mañana es lunes…