Los nombres son cosa nuestra, de los hombres. A las cosas del mundo no les importan: existen por sí mismas, in-sisten…
Con este axioma debería comenzar una metafísica contemporánea.
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Blog de Manuel Jiménez Friaza
Los nombres son cosa nuestra, de los hombres. A las cosas del mundo no les importan: existen por sí mismas, in-sisten…
Con este axioma debería comenzar una metafísica contemporánea.
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Leo en Pascal Quiñard (El amor, el mar): «Cuánto se alejan del mundo los cuerpos de los músicos cuando están tocando». Entiendo ahora que lo que siempre me pareció ensimismamiento es, en realidad, alejamiento, elevación, huida. No viajan a su interior sino fuera, lejos: la música los lleva de la mano, con sus alas, con sus pies veloces… Así también, en un pálido contagio, se aleja el que los escucha.
Una vez me contó un apasionado aficionado al flamenco que, oyendo absorto a un cantaor, rompió sin darse cuenta la silla en la que estaba sentado: pero aquella fuerza descomunal que lo provocó -ahora lo sé – no fue la emoción concentrada sino el miedo a caerse de la silla a medida que se alejaba, que volaba y caía…
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Lo decía Marina Garcés: si el futuro es oscuro es porque el presente es opaco… A pesar de ello, si os gustan los ritos del paso del tiempo, ¡feliz 2024!
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Haz la prueba. Piensa en ejemplos de ficción en los que un hombre y una mujer construyan una amistad. Descarta los casos en los que una de esas dos personas no se sienta atraída por el género de la otra. También aquellos que se dan con una diferencia de edad notable entre ambas y, por último, los que nos presenten esa relación diluida en un grupo de más gente. No es fácil, ¿verdad? Posiblemente, los hombres con amigas estén infrarrepresentados en las pantallas y los libros, lo que no quita para que tampoco sea automático encontrar tanta casuística en la vida real.
«Si no tuviera amigas me lo perdería todo. Conectar con ellas, cultivar esas amistades ha supuesto un cambio radical en mi vida. Me permiten verme bajo otro punto de vista, entender comportamientos propios que entre hombres están normalizados, por ejemplo, bromas pesadas o el no saber cómo estamos. Tener amigas me hace entender la amistad de otra forma, escuchar y preguntar más», reconoce Lionel S. Delgado, sociólogo e investigador sobre nuevos modelos de masculinidad.
Fragmento del dossier de La Marea nº 97, dedicado a la (difícil) amistad entre hombres y mujeres.
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No sé si es mejor o peor, pero las cosas en nuestro cerebro, da igual ideas que datos o recuerdos, no están organizadas según un orden lógico o cronológico, están como los libros en un estante, yuxtapuestos por el azar o el capricho. Así, en uno de los míos, encuentro la Odisea al lado de Proust y flanqueados los dos por unos tebeos del Capitán Trueno. Estoy convencido de que es ese caos fértil el que rige nuestra percepción y nuestra capacidad creadora: ese es el humus donde crece la imaginación.
El verbo leer viene del "legein" griego y el "legere" latino, cuyos significados oscilaban entre reunir, recoger y cosechar. ¿Cosechar, qué? Libros, historias, palabras dibujadas (letras, grafías: grafos, rayones sobre una piedra, sobre la arcilla cocida, sobre el papel…). Yo leo así de siempre, cosechando libros distintos, opuestos, complementarios, de un solo golpe de hoz o guadaña, al mismo tiempo, en paralelo más que en el desfile sucesivo…
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Jamás jamé jamón dice un viejo chiste de la proverbial hambre española. Puesto al día por la potente industria del turismo gastronómico, y por los pingües beneficios económicos que proporciona (doy fe, vivo en la Sierra de Huelva), el dichoso jamón sigue pasando por ser el alimento ideal de los españoles.
Pero, como repetía a menudo un viejo amigo, lo que demuestra el jamón es la falta de imaginación y la pereza culinaria: es carne cruda curada con sal en los secaderos o en las casas. Su verdadero cocinero es el tiempo. La misma falta de imaginación que señala el masivo turismo de playas: la naturaleza las hizo, los españoles hicieron lo demás: amurallarlas con hormigón…
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