Y sin embargo

Y sin embargo … Da la impresión, por tu manera contundente y clara de decir las cosas que hay una «ideología» anarquista. Pero no existe tal y la prueba más fácil es repasar las diversas y cambiantes «familias» de esa supuesta ideología: comunismo libertario, anarcoprimitivismo, anarcosindicalismo… Las utopías anarquistas son un camino que, como en los versos de Machado, se va haciendo al andar. Al no ser una ideología unitaria, tampoco tiene un lenguaje privado en el que ponernos de acuerdo. No existen lenguajes privados: se van haciendo de capas y amalgamas…

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La fotografía como herramienta de emancipación proletaria

Traduje hace cuatro años esta interesante entrada del blog de Vingtras, en Mediapart en la que, a raíz de su investigación sobre la correspondencia privada entre miembros de la Comuna de París, el autor descubre la importancia de la fotografía en la naciente conciencia de las clases trabajadoras, pues el viejo privilegio de ser protagonistas y propietarios de las imágenes artísticas se democratiza con el nuevo invento…

«La inesperada e impresionante irrupción, hace dos siglos, de un proceso de grabación, representación y conocimiento, de un nuevo medio, marca un hito cultural importante», escribió Monique Sicard, investigadora del Instituto de Textos y Manuscritos Modernos del CNRS/ENS.  Y añade: «Fue el verdadero punto de partida, si no de una nueva civilización, al menos de nuevas perspectivas sobre nuestro entorno humano, natural, cultural y técnico.«

Esto es exactamente lo que pude observar al revisar sistemáticamente toda la correspondencia privada de la Comuna a lo largo de mi trabajo heurístico sobre «Los 72 Inmortales «.  Y este análisis de la intrusión de imágenes personales en la vida cotidiana de las clases trabajadoras de París en 1871, transformó mi punto de vista de que cambió hacia una mejor comprensión del problema revolucionario que es tanto actuar porque sabemos como saber por qué actuamos.

En efecto, mientras que los retratos pintados o dibujados eran hasta entonces un privilegio reservado a las familias reales, a los aristócratas o a los burgueses ricos, por primera vez en la historia de la humanidad, un nuevo medio permitía a otros acceder a su imagen, a su representación.

Así, la clase obrera, los artesanos, los empleados y los sirvientes tuvieron ahora la oportunidad de inmortalizar la imagen del antepasado, la esposa, el niño o incluso las celebraciones familiares o los encuentros amistosos en el barrio sobre fotografías que estaban modestamente enmarcadas y que adornaban la parte superior de las chimeneas o las paredes de la sala de estar: ¡existían!

La gente ya no era sólo una palabra que se podía leer en un cartel o folleto, sino que se había convertido en una imagen.  El trabajador anónimo se convirtió en alguien.

Esta conciencia colectiva aparece en muchas cartas, algunas de las cuales fueron llevadas en estos globos que escaparon de la ciudad sitiada para dar noticias en las provincias.

En contraste con las malas tradiciones individualistas, la fotografía ha desempeñado paradójicamente el papel de catalizador del deseo colectivo.

De ahí el nacimiento de un (tímido) tropismo libertario.

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Esparcir la vida como principio moral (pensando con Kropotkin)

Publicado con el título Esparcir la vida en El Salto

A vueltas con el tema de la moralidad y la justicia, como en otras entradas del blog (se pueden consultar en la página que hemos dedicado a hemeroteca).  En esta ocasión, de la mano de Kropotkin y sus postulados sobre el carácter natural de la moral humana. Continuaremos en otro artículo posterior en que, como contraste, hablaré  a propósito de las ideas sobre la ética de Edgar Morin, el gran pensador francés.

Aunque es una de las derivadas menos conocidas de sus investigaciones y postulados sobre el apoyo mutuo, Kropotkin estuvo siempre preocupado por el tema de la moralidad natural, o el sentimiento espontáneo de lo moral en los seres vivos sociales. De hecho, en los últimos años de su vida trabajó intensamente (y en circunstancias vitales muy penosas, en su retiro en Rusia, vigilado por la policía bolchevique y viviendo en una pobreza absoluta, gracias al apoyo de amigos y compañeros) en lo que iba a ser un gran tratado sobre Ética, que la muerte no le permitió acabar.

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