Contra los Señores del Tiempo

Pues seguimos en las mismas. Los amos de Todo juegan a su juego favorito: el de mangonear con nuestro sueño y nuestro despertador. Los portugueses, que han sufrido todos los experimentos, lo saben bien. La UE, desde 1996, cuando el último cambio de sistema, quiso hacerlo uniformemente en todo el continente para tener contentos a los británicos (ahora que se van, sería un buen momento para ajustarnos algo más al amanecer, al menos…) Aunque uno sigue esperando la única solución razonable: la vuelta al tiempo impreciso de la luz y los dictados del cuerpo…

 

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De clanes diversos hiciste una patria…

Publicado en El Salto, con el mismo título

Propongo al amigo lector la lectura de unos versos conocidos de Rutilius Namantianus, perteneciente a los restos del único poema que nos ha llegado de él, De reditu suo, y que me acompañe en las breves reflexiones que les siguen.

Rutilius Namantianus fue un galo de origen celta, cuya familia y él mismo formó parte del círculo del poder imperial (llegó a ser prefecto de Roma en el año 414), si bien en la época convulsa del emperador Honorio  (más pendiente de sus amadas gallinas que de la política imperial) y los saqueos de Roma por parte de Alarico I. A pesar de que el imperio había adoptado la religión cristiana como religión oficial, desde el Edicto de Tesalónica, Namantianus fue toda su vida un pagano convencido, muy crítico con la nueva religión.

«Los favoritos del emperador Honorio» de John William Waterhouse

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El migrante considerado como «sujeto indeseable»

Así como es común oír interpelaciones de los políticos a los pensionistas, las mujeres o los trabajadores autónomos, nunca he oído ninguna dirigida a los migrantes; aunque si, cada vez más a menudo, hablar garrulamente sobre ellos, contra ellos; ni siquiera en las campañas electorales, cuando más se les calienta la boca con sus promiscuas peticiones de voto. Ni en las izquierdas ni en las derechas son concebidos como un sujeto social – el amigo lector curioso puede leer el ensayo que escribí para Frontera Digital sobre la dificultad de encontrar los nuevos sujetos sociales.

Sí, por el contrario, es percibido como «sujeto indeseable» , tal como lo llama Eduardo Doménech, que considera esta visibilidad negativa o conflictiva como un obstáculo insalvable para la construcción de lo común. Doménech es también creador del concepto de «régimen migratorio», que desarrolla así en una entrevista publicada en la chilena Revista Rosa:

El régimen de migración y fronteras es concebido como un espacio de conflicto, negociación y contestación en el que interviene una multiplicidad de actores de diversa naturaleza. Además, es un espacio en el que se despliegan prácticas de control de distinta índole, coexistiendo prácticas represivas, punitivas, asistenciales, humanitarias, etc.

Este régimen solo se concibe, pues, en el espacio de conflicto y contestación, real y simbólico al mismo tiempo, de la frontera, un espacio inhabitable sometido al estado de excepción permanente, fuera, por tanto,  de la república de los derechos y del común.

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Contra la línea recta

Siempre me ha impresionado ver a un niño paseando a un perro. Los dos luchan contra su tendencia natural, que es la de corretear, con ritmos discontinuos, movidos por el azar de su simple curiosidad o capricho. Caminar de forma lineal, al mismo ritmo que los pasos medidos es un aprendizaje muy duro, tanto para el hombre como para el perro, y sólo tiene sentido en las ciudades construidas para los coches. Para el niño es tan difícil como el aprendizaje de la lengua escrita, porque, si se mira bien, el desfile sintáctico de letras, sílabas y palabras es tan atormentador como caminar con los pasos contados…. Es irónico que demos tanta importancia en nuestra educación a las dos cosas, como parte de un proceso civilizatorio.

Es útil extrapolar esto a las líneas rectas imaginarias con que forzamos nuestras vidas a seguir los surcos de los planes o el desfile de siglos de la Historia en una inexorable marcha de progreso y mejora. Pero de eso nos ocupábamos con más detalle en una entrada reciente.

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Disgustos y desengaños

Publicado primero en Infolibre el 2 de octubre de 2019.

¿He oído «gobierno progresista»? Pues sí, una vez más, de boca, esta vez, de Errejón, la nueva esperanza blanca de… ¿la izquierda?, ¿los «progres», por mejor decir? Eso, tras leerlo o escucharlo a diario, antes, por parte de la gente del PSOE, de Pablo Iglesias o hasta del mismísimo Abascal matizado, a su conveniencia, como «la dictadura progre», y de cualesquiera medios de formación de masas, sean de la crema de los grandes o de la variada gama de los pequeños y digitales: «Programa progresista», «proyecto progresista», «partido progresista», «voto progresista»…

Es, en primer lugar, imagino, por los ascos que se le hacen ya, en las democracias progresadas y autoritarias europeas, al término «izquierdas»; no hablo ya del desprecio o sonrojo pudoroso que reprime viejas palabras que intentaban nombrar a partidos y gobiernos de afán transformador. ¿Desde cuándo no hieren nuestros oídos, con un aleteo inquieto, el inocente apelativo de «reformista», «socialista» incluso, por supuesto, «comunista», o «utópico» o «revolucionario»?

¿Quién lo iba a decir, tras los disgustos y desengaños que la idea del «progreso» lineal nos ha ocasionado? Un progreso que, tiene el mismo afán de crecimiento continuo de nuestra economía/mundo, de sus capitales y réditos, del trajín continuo de mercancías de uno a otro confín del mundo. Ese concepto reciente, reclamado y definido por Condorcet o Comte en el siglo XVIII, con el optimismo, hoy planchado, de la Ilustración. Con estas ingenuas palabras, por ejemplo:

Nuestra esperanza en el porvenir de la especie humana puede reducirse a tres puntos importantes: la destrucción de la desigualdad entre las naciones, los progresos de la igualdad dentro de un mismo pueblo, y, en fin, el perfeccionamiento real del hombre

Aparece en nuestro imaginario el progreso se nos aparece como un tren colonizador, civilizando las tierras salvajes del futuro, siempre aplazado, de los «progresos de la igualdad» entre las naciones y dentro de un mismo pueblo. De modo complementario, en nuestro tiempo de líneas rectas, el pasado que queda atrás almacena como en una vitrina los proyectos y atrasos fracasados irremediablamente. Ese sería el dominio de los conservadores, de los tradicionalistas, de los «carcas», según el uso léxico antiguo…

En esta nebulosa del progresismo adjudicado de siempre a las izquierdas políticas, más o menos, se deja de ver que las verdaderas derechas, la de los «partidos del orden global» son, desde hace décadas, las más revolucionarias, las que con más porfía nos emplazan al futuro progresado: la cuarta revolución industrial, el advenimiento de la robótica, el uso provechoso de los «big data», la epifanía del nuevo trabajador/emprendedor infinitamente adaptable y reciclable, el desafío paradójico del crecimiento continuo adaptado a las energías verdes… Al revés lo digo, para que se me entienda.

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