Por un comunismo de la atención

Poco a poco -tal como pasó con los cuidados- se va formando un interesante corpus teórico en torno al concepto de la atención: captarla, desarrollarla, perderla… Reflexiones, como esta de Amador Fernández Savater, que aspiran a convertirla en una actitud y actividad revolucionarias, válida para la vida cotidiana, para la subjetividad tanto como para la lucha ecológica y política.

Entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo social y lo político, entre lo psíquico y lo ecológico, hoy aparece la línea transversal de la atención. La atención como práctica y como demanda, como nuevo bien común

Por Amador Fernández-Savater
Por un comunismo de la atención

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¿Hay alguna relación entre las crisis de pánico o ansiedad (esa epidemia del presente) y las movilizaciones ecologistas por la sublevación de la tierra? ¿Tienen algo en común los problemas de la escuela y las luchas de los trabajadores sanitarios por toda España? Aventuremos un poco.  

Primero, la sensación de desbordamiento como malestar de época. Cuerpos que se disparan, tienen dificultad para respirar y se sienten morir. Lugares cotidianos de trabajo desposeídos de tiempo y recursos para hacer frente a la multiplicación de demandas. Atravesamiento de los límites físicos y biológicos de la tierra. Desborde, en definitiva, de los cuerpos y de los tiempos, de los centros de salud y de las escuelas, del planeta mismo.

Segundo, la atención como clave de las luchas colectivas. Los sanitarios pelean por contextos laborales adecuados para escuchar a cada uno de los pacientes y no tener que despacharlos con rapidez. Los movimientos ecologistas señalan lo que desde arriba no quiere verse: los daños de la emergencia climática y la necesidad de un cambio radical de paradigma. Los feminismos ponen el cuidado de la vida en el centro de la acción y de la agenda política.

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Los comerciantes de la atención

Adolf Hitler se convirtió en un brillante orador igual que comienzan la mayoría de las bandas de rock de éxito: actuando en garitos. Empezó ante unas pocas decenas de parroquianos dispersos en las cervecerías de Múnich y en poco tiempo llegó a congregar a miles de devotos enfervorecidos. Hitler había conseguido algo que entonces solo se intuía –y que hoy se ha convertido en uno de los bienes más cotizados–: captar la atención. El resto de la historia y sus consecuencias son de sobra conocidas.

La economía de la atención

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