El flautista de Hammelin

Son las ocho y cuarto de la mañana y ya se oye la música del flautista de Hammelin que dejará de nuevo las calles y plazas huérfanas de niños. Ya las guarderías están llenas de ellos y, pronto, lo estarán colegios e institutos… Vivimos la época de la escolarización universal y casi perpetua, que, en el periodo laboral discontinuo que vivimos se recodficará en forma de cursos de formación o en reespecializaciones y, ya en el retiro, en forma de animaciones socioculturales -como se las llama en la neolengua- o cursos de actividades manuales o de gimnasias adaptadas a la edad…

En un cierto sentido, lo que empieza ahora es una expropiación estatal de la infancia. Uno entiende, faltaba más, los deseos de vida activa y de trabajos de madres y padres, pero lo cierto es que los niños son criados y educados -hasta en sus juegos, oh dioses- por monitores y funcionarios. Por supuesto, la vida adulta ya estaba expropiada por el trabajo o su búsqueda ansiosa.

Se cierra así el ciclo de nuestras vidas enajenadas, que comienza  ya en ese territorio aséptico y hermético de las ludotecas o las aulas, al son de la música del terrible flautista…

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Todo está lleno de dioses

A Tales de Mileto, en los mismísimos orígenes de la filosofía, debemos una de las afirmaciones más enigmáticas de esta: «Todo está lleno de dioses». Aunque se acostumbra a asimilarla, perezosamente, con el panteísmo, creemos que es más que eso, que va más allá. Quizá más cerca de la sacralización y posterior desacralización del mundo entendida como el efecto producido por el capitalismo y sus tecnologías y ciencias sobre la vida y las cosas todas. Así, en el estadio anterior, en el eón de las religiones del Libro, leemos, por ejemplo, en Éxodo (III, 5) que le dice Dios a Moisés: ««No te acerques aquí, quítate el calzado de tus pies; pues el lugar donde te encuentras es una tierra santa». Esa es la sacralización monoteísta, pero en Tales todo es santo y eso no se debe al señalamiento del Dios único: todo está lleno de dioses…

En la idea inmanente del mundo, según Spinoza, Dios se desparrama de alguna manera en su creación, con lo que deja ser la causa primera, que sobrevive y se mantiene al margen para fundirse con la fuerza que da vida a todo: todo está lleno de Dios…

Muchos ejemplos:

Dersú Uzalá (en el informe autobiográfico de Vladimir Arséniev sobre sus viajes a la cuenca del río Ussuri) muestra una rigurosa visión panteísta del mundo. Recuerdo que leí con estremecimiento su discurso a un tigre asiático que iba a atacarle, para evitarlo…

Los movimientos comensalistas, que valoran cualquier vida por el hecho de esa misma vida, al margen de su utilidad o perjuicio para nosotros…

Un personaje de una novela de Iris Murdoch que está convencido de que las piedras que ha ido coleccionando en su casa, procedentes de lugares dispares y lejanos, se mueven muy lentamente, según él, en un intento de volver a su lugar de origen, movidas por una nostalgia irredimible…

Una plaza a la que voy a menudo, en la que siento una santa sensación de paz, donde -según viejos decires del lugar, se celebraron autos de fe en los que ardieron mujeres acusadas de brujería… ¿Fantasmas buenos? ¿Los dioses del lugar. Tierras santas como la que pisó descalzo Moisés. Todo está lleno de dioses….

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