Celacantos

La primera vez que oí hablar del celacanto, un pez abisal al que se le calculan 400 millones de años de vida en la Tierra, no fue en ningún manual o página de zoología,  fue en una novelita muy sugerente de Amélie Notomb, Los nombres epicenos, una historia de amor, celos y odio:

Hay un pez en las profundidades llamado celacanto:cuando ya no tiene medios para seguir viviendo, programa su muerte. Entra en una fase comatosa, hasta que las condiciones de su vida se restablecen. El tiempo deja de existir para él.

Supe, en ese momento, que tenía que escribir algo sobre él, aunque no sé todavía exectamente qué. Buscando información que no sea solo descriptiva y clasificatoria, he encontrado, en un programa sobre ciencias de Radio 5 (de la RTVE), Ciencia al cubo, de América Valenzuela, un episodio dedicado a este extraño pez, en un estilo narrativo que transmite muy bien una sensación de sorpresa parecida a la que sentí yo. He aquí el relato de su descubrimiento, según la locutora:

Un buen día de 1938, la bióloga Marjorie Courtenay-Latimer daba un paseo por los muelles de la ciudad sudafricana de East London cuando entre la pesca descargada por una barca descubrió un pez muy raro. Un pez que no había visto nunca.

Ella lo describió como el pez más bonito que había visto jamás. Poco después se dio cuenta de que era un animal que se creía extinguido hace decenas de millones de años. Era un celacanto. La sorpresa para ella y para el resto de la comunidad científica fue mayúscula.

¿En qué consiste su belleza? ¿Tal vez en sus características anatómicas? ¿En su intrigante capacidad de supervivencia? De su cuerpo ha llamado la atención, desde que se le conoce, los dos pares de aletas lobuladas extendidas desde el cuerpo hacia afuera, semejantes a unas patas, que se agitan sucesivamente. Asimismo, una coyuntura intercraneal que le posibilita expandir su boca de forma que traga presas de buen tamaño. Por qué aletas/patas? Surgió en una época en la que la vida no transcurría en las aguas sino en la tierra: otro misterio. Como el hecho de que posee una estrafalaria médula ósea en un canal conocido como notocordio, que está lleno de un líquido aceitoso, que realiza sus funciones. O quizá su «tecnología» de caza, que realiza con la ayuda de un  electro sensor ubicado en su hocico, que probablemente emplea para ubicar a sus presas. Al ser depredadores noctámbulos, pasan el día en cuevas recónditas.

¿Es ese carácter esquivo el que ha propiciado su supervivencia en plena Sexta Extinción que está propiciando el hombre? El descubrimiento de celacantos en Indonesia, además de los africanos, ya conocidos, parece confirmarlo, aunque quién sabe? En Internet he descubierto este anuncio: Cómo pescar al celacanto?

Pero su belleza está sobre todo en el breve apunte de Amélie Nothomb sobre su capacidad para «programar su muerte» temporalmente. En la incógnita profundidad de su cueva, reduce al mínimo su actividad vital y sus necesidades alimenticias, a la espera de que las condiciones de su ambiente hagan posible de nuevo su vida. ¿Durante cuánto tiempo es capaz de hacerlo? ¿Cómo descubre esos cambios?

En el relato de nuestra autora, la referencia al celacanto es, aparentemente, marginal y deja al lector que encuentre la relación con la trama de la novela. Esta gira en torno a la historia de una venganza por desamor absolutamente desmesurada: el personaje masculino, incapaz de olvidar una relación fracasada de su juventud, planea un engaño de tal magnitud que, a lo largo de más de 20 años, pone en juego su propia identidad y felicidad, la de la mujer con la que se casará y la de la hija que tiene con ella, a la que odia…

La habilidad para la simulación de la muerte del celacanto, nos parece decir Nothomb, ejercida para el mal y la desgracia. ¿Sería posible aprender de ese ejercicio de autoinhibición temporal de la vida del misterioso pez, traducida en una reducción radical de nuestra descabellada idea del crecimiento sin fin, para detener el reloj de las catástrofes que se avecinan?

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Marce

Infolibre publica una carta (la última desde la cárcel de Carabanchel) dirigida a su familia por Marcelino Camacho, una figura (que debería ser) mítica del sindicalismo español, cuyo nombre está asociado al nacimiento y potencia de las Comisiones Obreras. Un hombre honesto, fresador de oficio, porfiado luchador desde su primer trabajo en la Perkins, que pasó 14 años en las cárceles de Franco. La carta, presentada por su hijo Marcel con unas emotivas palabras donde recuerda el significado tan distinto de la palabra «libertad», gritada en las calles entonces y hoy por la extrema derecha en el Parlamento, va acompañada de una «instancia» que Camacho dirigía al director de la cárcel solicitándole una «audiencia extraordinaria». El motivo, protestar por el endurecimiento de la vida de los presos que no cesó de aumentar en los últimos años del dictador. «Aquí me encuentro, preso, pero con la moral y el optimismo de siempre». Así encabezó muchas veces sus cartas familiares…

Pienso a menudo que necesitaríamos «santorales laicos» con figuras como las del sindicalista (y científicos y pintores y escritores, mujeres y hombres…) que se ofrecieran como ejemplos o modelos, como espejos, al modo de los medievales «speculum principum» y «speculum sanctorum que lograran traspasar los espesos muros de institutos y universidades, entrar en las bibliotecas, en las plazas y barras de las tabernas…

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El contraste entre la balumba que nos ha traído en todos los medios, conservadores y liberales, antiguos o modernos, la muerte del futbolista Maradona y el silencio y olvido de «héroes de clase obrera» como Camacho, es hiriente, un retrato vivo de la España actual que homenajea en la calle al delantero argentino y glosa su picardía marcando un gol con la mano, mientras deja huérfanas las manifestaciones sindicales. Iconos, celebraciones y olvidos que son una tesis sociológica en sí mismos.

Pongo a continuación el enlace de la noticia y la transcripción de la carta:

#^Una carta para la libertad: la última misiva de Marcelino Camacho a su familia desde la cárcel franquista

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Transcripción de la carta:

Prisión de Carabanchel 26 de Noviembre de 1975

Querida familia: Esta semana que ha transcurrido todo está dominado por la muerte del jefe del Estado y la preocupación esencial, después, de lo que va a venir.

‘Cambio 16’, en su número 206 del 17, tres días antes, escribía: “Durante la dolorosísima enfermedad del jefe de Estado, las espadas se mantienen envainadas pero ya adoptan posiciones para enfrentarse una vez más como siempre, los dos grandes partidos de la historia moderna nacional: los que no quieren cambiar absolutamente nada, y los que quieren andar aunque sea un poco.”

‘Actualidad Económica’ del 18, en un editorial titulado ‘Cambio político y economía’ señalaba “el ambiente de cambio que reina la opinión pública ante la grave enfermedad del Jefe de Estado no se ha circunscrito al cambio estrictamente político sino que, como es lógico, ha trascendido al económico”.

El ejemplo más palpable es la bolsa. No existe ninguna razón económica para explicar y justificar las subidas generalizadas que se están teniendo lugar estos días en las bolsas españolas. Tampoco existe para pensar en la Cultura Económica -una vez que el hecho sucesorio sea definido- va a cambiar para bien y rápidamente a corto plazo. Adelantamos y estamos seguros de no equivocarnos que dentro de 3 meses, la inflación y el desequilibrio del sector exterior seguirán siendo igual de amenazadores que en los momentos actuales”.

Lo más problemático y al mismo tiempo lo más esperanzador, es lo que vaya a suceder en el largo plazo en nuestra economía. Aquí si que se entra de lleno y adquiere un papel primordial el contexto politico interno o, si lo prefieren, la evolución de nuestras instituciones políticas. La necesidad de una democratización de las Cortes hasta hacerla representativas, de unos sindicatos libres e indpendientes del Gobierno, etc…. la existencia de esos sindicatos haría posible el recurso a formulas depacto social, imposibles en la politica económica de nuestros dias.”

Después, el 20, la muerte del general Franco, hace ya que se hagan juicios, que se tomen posiciones y así, según ‘Arriba’ del 22 en cronica de F Ortega desde Nueva York, Kissinger declaraba que: “La evolución política de España es inevitable” y el cronista indicaba que “la Administración Americana espera una transición a corto plazo”, en el mismo sentido se pronuncia el órgano de las finanzas ‘Wall Street Journal’”.

En su editorial del 21-11-75, ‘Pueblo’ manifiesta que: “Estamos ante una España sin vencedores ni vencidos en una España que piensa de si misma que puede ser solidaria en la libertad y solo en la libertad. Calcúlese en buena hora y con toda aproximación necesaria que el grado de prudencia en el cambio; pero ya todos sabemos que no se puede ignorar el cambio. Las cosas de nuestra política han cambiado; han cambiado para siempre”.

“Se ha finalizado un amplio ciclo histórico caracterizado por el poder personal.”

Los cambios de personas, la aparición de un “Rey” en lugar de un “Caudillo”, puede tener su importancia sin duda, pero la clave para la solución de todas las incógnitas, sociales, económicas, políticas y religiosas, se llama libertad, sin la cual no habrá participación ni compromiso de ningún tipo.

Y el primer paso para “un efectivo consenso de concordia nacional” pasa por la concesión de una inmediata Amnistía para todos los presos por motivaciones políticas y sindicales sin exclusión y para los exiliados.

Y “una sociedad libre y moderna”, solo podrá crearse restableciendo las libertades democráticas -la libertad sindical en primer lugar- y las libertades nacionales autonómicas desde ya.

Y las “instituciones” solo integrarán a todos los españoles, en la medida en que nos pronunciemos sobre ellas.

Y la “hora dinámica cambiante”, exige que después de lo anterior se pueda crear constituyentemente lo que se necesite.

Sobre la base de respetar lo señalado, poniéndolo en práctica, con hechos, nosotros nos comprometemos a buscar siempre soluciones pacíficas y por supuesto aceptar el fallo de las urnas, el juego democrático, sea o no de nuestro agrado el resultado. Protagonista el pueblo soberano.

En fin como no creo que por el momento os vaya a escribir muchas cartas un preso por motivos sindical-laborales desde la cárcel y hacerlo en persona, os abraza. Besos a Sergio.

Marce

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Salir de casa

Por aquí, por el vecindario, aún veo algunas vecinas hacer la señal de la cruz, de forma recogida, al salir de su casa hacia la calle. Otros, entre los que me cuento, prefieren mirar al cielo, perfilando una panorámica de sol, nubes y viento que les permita adivinar el tiempo meteorológico que van a encontrar en su trayecto.

En realidad, unos y otros eligen aún la mirada de la experiencia, del saber heredado o las creencias mágicas en disfavor del saber encapsulado de la ciencia («he visto en la proyección meteorológica que va a llover a las 9 y 20»), aunque no se le avisará del conductor malhadado que, cinco minutos después, lo arrollará en su conducción temeraria. Nuestras vidas transcurren entre el azar, la mirada sapiencial y el fatum en mayor medida que en el engañoso sentido común del conocimiento científico y el supersticioso brillo electromagnético de las pantallas…

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