Osuna, 1956

Pienso, como Eugenio Trías, que la falta de recuerdos de nuestra vida prenatal es una carencia, filosófica y vital. A ella se unen los pocos y difusos recuerdos del nacimiento y la primera infancia. La mayor parte de ellos, además, son imágenes recreadas de lo que nos han contado los padres o los hermanos mayores: una ficción, en realidad.

Yo nací en mi casa, como todos mis hermanos, no en un hospital. Así que las vagas reminiscencias  de olores, ruidos y luces que me quedan de aquel tiempo remoto pertenecen a mi casa familiar. Mi madre me contaba que mi parto fue el menos doloroso de los cinco que tuvo y que, realmente, nací solo sin que apenas se diera cuenta. Me gusta fantasear con que ahí está el origen de mi pensamiento libertario. Según ese relato, que yo he ido adornando, había tormentas esa noche y mi padre volvió en bicicleta del campo en el que había estado trabajando aquel día por caminos embarrados y totalmente mojado.

Da igual que fuera asi o no, nuestros recuerdos son una ficción, un relato al que intentamos dar un sentido, pero que, en realidad, se apelotonan en una especie de singularidad sin espacio ni tiempo, como la que imaginan los físicos en los momentos iniciales del Big Bang. Así que más que en esa narración imaginaria del pasado que inventa nuestra memoria, estamos siempre más bien donde decía el verso de Caballero Bonald: en el tiempo que nos queda.

Visitas: 304

Murallas manchadas o la vida secreta del valor de las cosas sin valor

Esta noticia «local», que en otros tiempos habría aparecido en las Cartas al Director de un periódico, tiene un significado especial en cuanto que las murallas de Ávila fueron declaradas patrimonio histórico por la UNESCO. Tal como desarrollábamos en esta entrada de nuestro blog, Todo necio confunde valor y precio, los objetos únicos, cargados de valor por su pasado y «tasados» en un «precio incalculable» (pero calculables en los beneficios aportados por los turistas y en las subvenciones estatales recibidas) son el nuevo tipo de mercancías tras el desplazamiento de las industriales al Sur global. En ese sentido se entiende la indignación ciudadana y periodística ante la chapuza de las manchas producidas por los pendones desteñidos. El objeto patrimonial no puede sufrir ningún menoscabo (como pasa con cualquier mercancía, el deterioro le resta valor), en tanto «tesoro» heredado del pasado, en su carácter de fetiche, propiedad y símbolo de las instituciones que lo ostentan, sin ningún valor añadido de uso ni de cambio. Ni falta que hace, pues esa es la gracia que adorna la acumulación y atesoramiento de riquezas en nuestro nuevo y viejo mundo.

El conjunto de las Murallas de Ávila, declarado Patrimonio de la Humanidad, ha aparecido con marcas de colores en algunas de sus almenas por culpa de unos pendones que han desteñido su color

Las murallas de Ávila, desteñidas por unos pendones colgados de sus almenas – Cuartopoder

Image/photo

#valor #precio #patrimonio #murallas #Ávila

Visitas: 163