Solano

Se acerca un temporal de Levante, un viento que me es familiar porque en mi ciudad natal sopla mucho. Allí lo llamamos solano y afecta a los ánimos y nervios, hasta el punto de que tenemos una palabra para designarlo: asolanado. Estar asolanado allí es ser víctima de un estado alterado que, sin transición, lleva de la tristeza a la euforia o el ma! humor. Los gatos lo anuncian con anticipación, dando saltos y corriendo sin sentido de acá para allá. Cuando dura -siempre días impares -, aumentan los suicidios truculentos y muchos se cuelgan o tiran a pozos (como ya no los hay, habrán buscado otras maneras). Es un viento eléctrico que, como otros de su estirpe, afecta a todas las poblaciones donde su presencia es constante, en el norte o en el sur. Cuando decae o se echa, en verano, es casi peor, porque toca sufrir un calor  aplanado y exasperante. Por suerte, donde vivo ahora apenas llega y su afán vengativo y furioso ya sa ha saciado en otras latitudes…

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