El miedo del delantero

Cuando jugaba al fútbol, casi siempre me ponían de portero, seguramente porque soy grande -antes más que ahora- y hacia titubear a los delanteros. A mí, en realidad, me gustaba jugar entre líneas: ir a mi aire entre la defensa, el medio campo y el área trasera rival. Algunas veces, gloriosas en mi recuerdo, conseguía robar un balón inesperado, sorprender a la adelantada defensa contraria y marcar gol.

Sin embargo, no era lo habitual porque tenía un problema: el miedo a rematar en esos segundos.irrepetibles en los que se ve, fulgurante, el hueco sin cubrir por el que la pelota entraría, sin duda, en la red. El miedo hacia que me detuviera unos instantes fatales, esperando a algún compañero para pasarle el balón y la oportunidad del gol.

He reconocido ese miedo en muchos momentos de mi vida, en la encrucijada de muchas decisiones. Es la soledad ante el fracaso de no acertar con la patada certera y decisiva, no la soledad del portero ante el penalti, no el miedo a defender y detener el golpe…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.