Cuidado con los cuidados (Apuntes, 16)

Cuidado con los cuidados

La idea de “cuidados” impregna, y sustituye, la de “transformación” en la nueva política (a Podemos no se le cae de la boca) tanto como en las oenegés. A un mundo que ha renunciado al futuro (como, por otro lado, a las lecciones del pasado o al recuerdo de las víctimas) solo le queda una politica de emergencias. Nuestros héroes son los socorristas de Lesbos y los médicos sin fronteras: ¿cuidados paliativos propios de la condición póstuma -como la llama Marina Garcés- en la que nos hemos instalado?

La hipótesis de Condorcet

La hipótesis de Condorcet tiene aún cierto valor: considerar que las dinámicas sociales están protagonizadas por la humanidad entendida como un pueblo único, sin que se vean afectadas por las vicisitudes de las naciones o patrias, constituido en comunidad política. La perspectiva de esta abstracción es la que ha conseguido, por ejemplo, el avance imparable de las políticas de Derechos Humanos. Pero tal vez aún mayor que este acierto fue el error del filósofo francés de creer ciegamente en la perfectibilidad de los seres humanos, y, como consecuencia, en el progreso continuo. Es uno de los padres de tan nefasta sugestión.

Esa idea tan dañina, asumida desde la Ilustración, resumida en la conocida frase de Leibnitz, “el presente está preñado de porvenir”, se ha mostrado, tras la última ilusión (un hedonista presente continuo, preconizado por la posmodernidad desde los años 80), como un “progreso” hacia la nada, el de una humanidad sonámbula en un tren sin conductor, por decirlo con la conocida metáfora.

La regeneración del mundo o la gran patraña americana

Cuando Ford dijo que la Historia era una patraña no pensaba, desde luego, en el discurso del senador Albert Beveridge (un político del círculo íntimo de Roosvelt), en el Congreso norteamericano con motivo de la anexión de Filipinas. Era el 9 de enero de 1900.

Dios no ha estado preparando durante mil años a los pueblos anglófonos y teutónicos únicamente para su vana y ociosa contemplación y admiración de sí mismos. Nos ha convertido en los dueños organizadores del mundo para establecer un sistema allí donde reina el caos […]. Nos ha preparado para que podamos ejercer el gobierno entre los pueblos salvajes y seniles. De no ser por ello, este mundo volvería a caer en la barbarie y las tinieblas. Y de toda nuestra raza ha marcado al pueblo estadounidense como su nación elegida para encabezar finalmente la regeneración del mundo.

Una misión “mesiánica” que las élites estadounidenses han venido repitiendo durante todo el siglo pasado y lo que llevamos de este (“el gran siglo americano”, repiten sus presidentes) como un mantra desdichado, esto sí una patraña, cuyos efectos padecemos todos los pueblos “salvajes y seniles”. Conviene oírlo en las propias palabras de sus precursores…

Lenguaje de rufianes

Yo es que “sufro” con el español hablado y escrito contemporáneo, tanto como me enfada la norma académica del ESPOFCON. Al hilo de la lectura que estoy baciendo de De los nombres de Cristo, de Fray Lus de León, que me hace llorar de placer, por el español “radiactivo” en que está escrito, me dan ganas de llamar a esta otra lengua castellana menesterosa de ahora “lenguaje de rufianes”, como hizo Benjamin con la jerga de los filósofos de su tiempo…

Publicado por

Manuel Jiménez Friaza

Manuel Jiménez Friaza

Escritor de obra breve, natural de Osuna (Sevilla), España.

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