Miguel Hernández: "Hijo de la luz y de la sombra"

Ayer, 30 de octubre, fue aniversario del nacimiento del poeta Miguel Hernández. Aprovechamos para recordarlo en nuestro canal Poetas, con uno de sus poemas más hermosos, “Hijo de la luz y de la sombra”. Lo escribió en 1937 y está dedicado a su primer hijo, Manuel Ramón, que nació ese mismo año y que murió a los pocos meses. El poema fue recogido en su libro Cancionero y romancero de ausencias. Volveremos más adelante sobre este verdadero “poeta del pueblo”, pero en esta hora lluviosa de sábado, os dejo a solas con la lectura de estos versos estremecedores…

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HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA

I

(HIJO DE LA SOMBRA)

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada de sol a donde quieres,
con un solar impulso, con una luz suprema,
cumbre de las mañanas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

II

(HIJO DE LA LUZ)

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,
recibes entornadas las horas de tu frente.
Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra
tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

Centro de claridades, la gran hora te espera
en el umbral de un fuego que el fuego mismo abrasa:
te espero yo, inclinado como el trigo a la era,
colocando en el centro de la luz nuestra casa.

La noche desprendida de los pozos oscuros,
se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.
Y tú te abres al parto luminoso, entre muros
que se rasgan contigo como pétreas matrices.

La gran hora del parto, la más rotunda hora:
estallan los relojes sintiendo tu alarido,
se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,
y el sol nace en tu vientre donde encontró su nido.

El hijo fue primero sombra y ropa cosida
por tu corazón hondo desde tus hondas manos.
Con sombras y con ropas anticipó su vida,
con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,
se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,
que en nuestra casa pone de par en par las puertas,
y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!
Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.
Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.
Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.
Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,
mientras tu madre y yo vamos a la agonía,
dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

Hablo y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa.  Yo soy el mediodía.

III

(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)

Tejidos en el alba, grabados, dos panales
no pueden detener la miel en los pezones.
Tus pechos en el alba: maternos manantiales,
luchan y se atropellan con blancas efusiones.

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,
hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.
Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,
tú toda una colmena de leche con espuma.

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,
laboriosas abejas filtradas por tus poros.
Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda
junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

Caudalosa mujer, en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían qué grabada llevo allí tu figura.

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca.
Viene a ocupar el hijo los campos y la casa
que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

Haremos de este hijo generador sustento,
y hará de nuestra carne materia decisiva:
donde sienten su alma las manos y el aliento,
las hélices circulen, la agricultura viva.

Él hará que esta vida no caiga derribada,
pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,
que de nuestras dos bocas hará una sola espada
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

No te quiero a ti sola: te quiero en tu ascendencia
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
la familia del hijo será la especie humana.

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias

La cara oculta del aceite de palma

Las fundadoras de Carro de combate son cuatro periodistas freelance (Nazaret Castro, Laura Villadiego, Aurora Moreno y María Rubiños) que bajo el lema “Consumir es un acto político” realizan investigaciones, análisis e informes de muchísima categoría en la tradición del mejor periodismo libre y crítico. Pero necesitan ayuda. Para la última indagación en la que se han comprometido, sobre el aceite de palma, han abierto una campaña de crowfunding en Goteo. Ayudémoslas por poco que podamos. Sin este periodismo de grand style, estamos perdidos en el mar de la propaganda y la mentira…

Esta breve introducción que reproduzco ahora es de Nazaret Castro y aparece publicada primero en su blog Entre la samba y el tango. También la re-publico en la red Hubzilla  donde comparto habitualmente apuntes y recomendaciones y que, a partir de esta entrada, quiero hermanar más estrechamente con el blog. De tal manera que la mayor parte de mis textos aparezcan en las dos plataformas a la vez, del mismo modo que ya venía ocurriendo con los que ven la primera luz en FronteraD.

Entre la samba y el tango: La cara oculta del aceite de palma

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La palma de aceite está de moda. Es el monocultivo que más rápidamente se ha extendido en los últimos años, a costa de intensos procesos de deforestación y pérdida de bosques tropicales, sobre todo en el Sudeste asiático. El motivo es sencillo: el aceite de palma es el más rentable, y tiene la cualidad de conservar sus propiedades a temperaturas elevadas. Esto lo ha convertido en el aceite más utilizado por la industria alimentaria global; pero también es profusamente empleado en cosméticos, jabones, champús y velas. El aceite de palma apenas se ve y apenas se nombra, pero está en la mitad de los productos que encontramos en un supermercado.

Al otro lado de las complejas cadenas de valor globales, están los campesinos de países tropicales en los que se ha impuesto o se está imponiendo la palma a un ritmo acelerado, como Malasia, Indonesia, Colombia, Guatemala, Camerún, Nigeria y la mayor parte de África Occidental. En estos países, el rechazo local al monocultivo de palma es creciente: la experiencia les muestra cómo el discurso oficial de empresas y gobiernos, que promete “empleo, desarrollo y progreso” de la mano de la palma, oculta más de lo que muestra. Invisibiliza que comunidades enteras serán forzadas a desplazarse y abandonar los modos de vida que les daban sustento -la agricultura y ganadería familiar, en muchos casos-. A veces, no sin grandes dosis de violencia y vulneraciones de los derechos humanos, como en el caso de Colombia, donde la palma llegó de la mano del paramilitarismo a territorios ancestrales de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.

Como sucede con otros monocultivos, como la soja o las plantaciones de pino y eucalipto, el problema no es el árbol, sino el modelo de desarrollo que trae consigo. Y los monocultivos de palma que crecen acelerada y descontroladamente en el Sur global, acabando a su paso con la biodiversidad biológica y cultural y auspiciados por entidades como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, se insertan en un modelo de agricultura global que no se orienta a la producción de alimento, sino a la generación de lucro monetario.

Ese modelo orientado al lucro requiere de cada vez más hectáreas dedicadas a la palma, para que la abundancia de oferta redunde en precios baratos, y disminuyan de esta manera los costes de producción de las industrias globales de los alimentos ultraprocesados, la cosmética y los agrocombustibles. Así, Indonesia ya se ha convertido en el mayor deforestador del mundo, por delante de Brasil, para satisfacer las necesidades de su industria aceitera. Pero mientras el aceite barato engorda las ganancias de las empresas transnacionales, en las plantaciones de palma se denuncia el uso de mano de obra en condiciones análogas a la esclavitud, incluyendo menores de edad, como en Malasia, y en algunos países, como Colombia, se han denunciado prácticas antisindicales destinadas a precarizar aún más las condiciones de trabajo.

¿Qué modelo de desarrollo hay detrás de eso que se vende como “modernización del campo” e “inserción en las cadenas globales de valor”? La palma se anuncia como la oportunidad para sacar de la pobreza a pueblos que habitan en las zonas tropicales de Asia, África y América Latina y llevar el desarrollo a esos territorios improductivos. Pero, ¿a qué llamamos desarrollo? “La selva ya está desarrollada: la selva es vida”, responde el activista ecuatoriano Franco Viteri, citado por Naomi Klein en su último ensayo, Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (Paidós, 2015).

Klein da en el clavo cuando asegura que la supervivencia de la especie humana, el futuro de nuestros hijos y nietos, depende del éxito de las luchas locales de comunidades indígenas y campesinas en todo el mundo, que luchan por preservar sus formas de vida frente a la destrucción que llevan a sus territorios emprendimientos agrícolas, mineros o energéticos. Incluidas, cada vez más, las resistencias al monocultivo de palma. En Carro de Combate queremos conocer a esos guerreros defensores de los ecosistemas; queremos también analizar en profundidad los impactos sociales y ambientales del monocultivo de palma y las repercusiones de una alimentación cada vez más basada en productos ultraprocesados ricos en aceite de palma. Para ello, necesitamos financiarnos a través del crowdfunding que hemos lanzado en Goteo. ¿Nos ayudas?

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