Claros en el bosque

Blog de Manuel Jiménez Friaza

Entre el «gobierno de los peores» y la antipolítica: el nuevo regeneracionismo

Por Manuel Jiménez Friaza, hace 1 año y 5 meses

Continuemos, tras el paréntesis de la semana pasada -que dediqué a compartir con los lectores mi descubrimiento de la «paradoja de Abilene»- con el hilo que dejamos suelto al final de la entrada Arbitristas, regeneracionistas y otras especies del planeta Crisis. Terminábamos diciendo allí que la urgencia reformadora, que dejaba traslucir el decálogo arbitrista publicado por el diario El País, era anacrónico y, aun así, de difícil realización práctica, pues llegaba tarde y chocaba con las inercias históricas de la derecha española, sin cuya mayoría parlamentaria aquellas medidas propuestas por el periódico liberal entraban en lo que la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi llamó, si bien en un contexto poético totalmente ajeno a este que nos traemos entre manos, el «Museo de los Esfuerzos Inútiles». antipolíticaLas buenas intenciones de este regeneracionismo o arbitrismo de nuevo cuño siguen impregnando, empero, los medios liberales. El mismo diario El País publicaba ayer, por ejemplo, una colaboración de Luis Moreno, un investigador del CSIC, titulada, de forma muy significativa a este respecto «¿Antipolítica, política negativa o regeneración?» En su artículo, como se advierte ya en el título, se opone la regeneración política a la corrupción dominante -que, a su vez, según el tópico bienpensante, es el factor explicativo de la desafección política de que informan con alarma las encuestas y los trabajos de campo sociológicos- como única solución o recambio para recuperar la cohesión social; no faltan, como es natural, admoniciones de tono apocalíptico, de lo que podría ocurrir, si no. Decía Luis Moreno cosas de este tenor: «No se antoja exagerado certificar que nuestro país necesita cirujanos de hierro, al modo expresado por el regeneracionista Joaquín Costa. (...) Se trataba entonces de un sistema caciquil donde, según el pensador aragonés, predominaba el gobierno de los peores. (...) El fracaso de tales ideas conformó uno de los factores más decisivos en el proceso de desestructuración que culminó en nuestra devastadora Guerra Civil.»

En el lenguaje activado y puesto en circulación por los regeneracionistas contemporáneos se repite con machaconería la idea-baúl de «antipolítica» (o sus variantes «política negativa» y política «antisistema») entendida como el peligro extremo que nos acecha si no atendemos a las medidas reformadoras que se propugnan. No es nada nuevo, por otro lado, pues, aun sin nombrarlo así, como sí lo hacían los medios propagandísticos del franquismo, sufrimos las advertencias sobre las acechanzas de la anti España separatista o el laicismo anticristiano. Veamos algunos ejemplos. El diario Público (en su edición del 19 de febrero) recogía unas declaraciones de Elena Valenciano, la activa política del PSOE, en las que sostenía que su partido, tras una autocrítica de sus propios errores, ha mostrado su disposición «para trabajar por mejorar la democracia, (...) mejorarla, que no acabar con ella, porque los socialistas consideran que es el mejor» sistema que existe, aunque haya que reformarlo. (...) Y eso sólo se puede hacer a través de la política.» Por eso avisa de la deriva en la que se encuentra la representación pública: «Estamos avanzando peligrosamente hacia la antipolítica». Como tantas veces, el centro político -donde aún cree el PSOE que están sus votantes- se busca ubicando previamente dos extremos: la corrupción, que provoca la desafección ciudadana, en uno, y la antipolítica, en el otro. Se quiso ubicar así Fraga Iribarne, en su reencarnación posfranquista; lo consiguió Suárez durante unos años; con esa misma geometría variable de un centro reformista, Felipe González refundó el PSOE en su ciclo triunfante. Lo vuelve a intentar, con dudoso éxito, Rubalcaba y el actual grupo dirigente del declinante partido socialdemócrata español.1348742489 812495 1349018302 Noticia Normal El abuso de la antipolítica no es ajeno, en la neolengua de moda, a los análisis sobre política internacional. En particular, ha proliferado en los comentarios sobre la campaña previa a las elecciones en Italia y a las expectativas que ha despertado allí el Movimiento Cinco Estrellas y su líder Beppe Grillo. Leíamos, por ejemplo, en la crónica de Pablo Ordaz (El País, edición del 22 de febrero): «El líder del movimiento ciudadano [Beppe Grillo] -sus defensores se enfurecen si se les llama antipolítica- tampoco figura en las papeletas, entre otras cosas porque se lo impide una vieja condena por homicidio involuntario tras un accidente de tráfico.» (nótese, de camino, la falacia ad hominem, usada con tal desparpajo por el periodista). En, para acabar con un último ejemplo, algo más exótico, los arrabales geográficos de Europa, volvemos a encontrar la advertencia sobre la dichosa antipolítica en los análisis y crónicas, como la de Silvia Blanco (El País, edición del 21 de febrero) sobre la actual situación política en Bulgaria, tras la dimisión del gobierno de Borisov. Ahí leemos también que los búlgaros «hace ya mucho tiempo que perdieron la fe en los político» y, al paso, se nos advierte del peligro de que caigan en manos de la política negativa o antisistema.

¿En qué consiste, pues, esa antipolítica, que ha caído en anatema en los grandes Medios de Educación de Masas y sobre cuyo peligro se nos está advirtiendo con tal urgencia y machaconería? Una respuesta de cómo se entiende por parte del stablishment actual la podemos encontrar en la interpretación que hacía José Mª Lassalle, en un artículo publicado el 1 de octubre del año pasado en diario de referencia español que estamos tomando como fuente textual. Se afirmaba allí, con mucho cuajo, cosas como esta: «La antipolítica deviene así en una épica de la multitud que agita la normalidad repetitiva de las leyes y la representación para ver qué surge del abismo excepcional, olvidando que siempre la primera víctima de esta peligrosa deriva es la propia libertad».antipolítica2

Así que ya vemos lo que causa tanto miedo en la clase política actual, en el intelectual orgánico liberal o en las miedosas y disminuidas clases medias españolas, y occidentales en general: la multitud y su pretensión de crear su propia épica, de erigirse en legislador universal en asambleas y concentraciones callejeras (tal como el cerco de mareas en torno al Congreso español, ayer mismo, que provocó que un dirigente segundón del PP, dominado por la hibris de la fecha -23 de febrero, aniversario del asalto del coronel Tejero al Parlamento- relacionara a aquellos miles de españoles con un intento de golpe de estado popular) que pretende abrir un nuevo proceso constituyente. Pero son demasiadas las cosas que aún nos quedan por decir sobre esto y no quiero alargar más aún esta entrada. Tiempo, de todas maneras, es lo único que tenemos, quienes queremos prestar voz a los subalternos, para cargarnos de indignación y de razones en esta tarea interminable de, como decía Mao, ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Continuaremos, pues, paciente lector, cuando nos resulte hacedero, en la siguiente entrada.

3 comentarios

#1. Antonio Romero, hace 1 año y 5 meses

El concepto d e multitud que manejas, ¿es el mismo que el de Negri y Guattari? ¿Qué te parecen las aportaciones de estos autores en este sentido?

#2. Manuel Jiménez Friaza, hace 1 año y 5 meses

Me siento más cercano a la manera en que entienden «multitud» Toni Negri y Michael Hardt, que apostillan siempre «la multitud de los pobres». Para ellos, el concepto de multitud es histórico y arranca de las luchas políticas en la Inglaterra del siglo XVII. Lo contraponen, como también hago yo, a la «república de la propiedad». Es decir, la multitud, más allá de la idea de clase marxista, estaría compuesta por todos aquellos que no tienen propiedad ni rango y que, por ello mismo, generan sus propias subjetividades no interesadas en la defensa de la propiedad o el privilegio. Como ves, en el fondo, es la misma búsqueda de un sujeto colectivo de naturaleza revolucionaria que emprendió Marx con la idea de «clase» (en el sentido de que no pueden ser asimilados por el individualismo de la sociedad del capital y el privilegio), y son por ende percibidos como una amenaza. En el artículo de «El País» que cito en la entrada se ve muy clara esa percepción y ese miedo. Por otro lado, la influencia de Negri (a su vez, muy influenciado por, por ejemplo, las acampadas de Sol) en los movimientos asamblearios que no dejan de surgir por todo el mundo es notoria. Negri es un optimista histórico, que ha sido capaz de elaborar, con Hardt, toda una estrategia de toma del poder y revolución adaptadas a los nuevos tiempos, a la caída del imperialismo clásico, el mundo multipolar y a la mundialización.
Respecto a cómo manejan la idea Deleuze y Guattari, eso nos lleva a otro orden de cosas, más en clave simbólica o críptica. Para estos pensadores, multitud es un concepto abstracto, «more geométrico», en que la multitud es capturada o atrapada una y otra vez por las máquinas de los estados, y sus mecanismos de lenguaje y signos, pero nunca del todo. En la mezcla ecléctica que hace Guattari de psicoanálisis, crítica anticapitalista y mecanismos biopolíticos de Faucault, la multitud aparece unas veces como subconsciente colectivo, otras como las masas nómadas que intentan escapar de las «máquinas» estatales (una especie de corriente o de fluido inatrapable) y otras como un cuerpo sin órganos... La visión del pensador francés se parece más, creo, a la que tenía Agustín García Calvo -que hizo una lectura personal de Deleuze, no me cabe duda- bajo la denominación genérica de «gente» o «pueblo»: es decir, aquello que en nosotros no es individuo y que por tanto no atiende a la realidad construida ni a ninguna fe en la realidad ni en el estado ni en Dios, y que por eso, paradójicamente, aparecía siempre en su discurso como depositario de la esperanza en algo nuevo o distinto. En fin, espero haberte respondido con alguna claridad a tus preguntas. Gracias por compartir con nosotros estos claros en el bosque.

#3. Antonio Romero, hace 1 año y 5 meses

Atención al titular de El País ante los resultados en Italia: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/02/25/actualidad/1361790713_608719.html
Y es que ¡el Movimiento 5 estrellas ha sido el más votado! Esto casi merece un monográfico...(Por cierto, creo que Deleuze apoyó un fenómeno parecido en Francia).

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