En los oídos de las estrellas y otras notas estivales (#apuntes, 23)

¿Finalidad?

A pesar de que tanta gente lo cree, el universo (o la Historia, si pensamos en nosotros) no tiene ninguna finalidad: basta mirar el inmenso cielo estrellado una noche de verano para comprenderlo. Tampoco creo en la utilidad ni enseñanzas del sufrimiento. ¿Qué enseñanzas puede extraer de sus penurias uno de estos niños supervivientes de una patera, que va a pasar años en centros de internamiento y que acabará sus días en un suburbio de cualquier ciudad europea, con suerte? Lo único que hay que hacer con el sufrimiento y el dolor es luchar contra ellos o hurtarlos si se vuelven inapelables..

Dulzonas y pesadas

Mirad esta comparación de Joan Didion (estoy leyendo su novela Río revuelto): “Entre las rosas, había unas cuantas gardenias del Cabo, dulzonas y pesadas como los fármacos.” Es, y no es, extraña esta aparición de los medicamentos en la literatura , aunque, ciertamente, forman parte de la experiencia cotidiana de esta humanidad enferma. Me pregunto: ¿En qué medida esos fármacos “dulzones y pesados” que tomamos todos po un mal u otro no definen un estado alterado de conciencia, que sería el nuestro? ¿Es tan común ese abotargamiento con que encaramos el día a día que no nos damos ni cuenta?

Hipnotízame, mi amor….

Solo he presenciado una vez una sesión de hipnosis. Fue, además, en una discoteca a la que iba en calidad de periodista. El hipnotizador, chileno, era muy espectacular y nos contó historias muy interesantes y sabrosas, aunque siempre sospeché que allí había gato encerrado… Hablo de ello porque me cuentan que ahora se usa mucho esta técnica para dejar de fumar. Pero mi descreimiento me puede, ¿por qué?, ¿no será miedo/rechazo a aceptar lo fácil que es vulnerar nuestra voluntad?, ¿la frívola fragilidad de nuestra conciencia?

En los oídos de las estrellas

En confusión me pusiera, Sabino, lo que habéis dicho, si ya no estuviera usado a hablar en los oídos de las estrellas, con las cuales comunico mis cuidados y mis ansias las más de las noches, y tengo para mí que son sordas.

Estas palabras pertenecen a De los nombres de Cristo, de Fray Luis de León, escrito en el “español radioactivo” (Lázaro Carreter) cuyo secreto murió con él . Es, desde hace tiempo, mi libro de cabecera y, más allá del tratado de cristología que, formalmente, es, y más acá de la obsesión cristiana (a decir verdad, muy cansina) por dividir la historia del mundo en dos mitades, la de los anuncios y precursores de Cristo y la de la salvación posterior a él. A pesar de las trampas y forzamientos a que se ve obligado (y de las que él mismo parece ser consciente en algunos momentos) de los que abusa continuamente para acarrear pruebas e interpretaciones de esos nombres que son el hilo conductor del libro; a pesar de ello, decía, la sensualidad y música de su prosa son de tal naturaleza que leo sus palabras en un estado hipnótico, como en ese diálogo sordo con las estrellas que soñó tantas veces, motivo de la cita que daba pie a esta nota…

 

 

Risa y ética. Rojo chillón. Márgenes (Apuntes, 22)

Risa y ética

En un capítulo de su Ensayo general sobre lo cómico, Alfonso Sastre estudia casos en que algunos efectos cómicos entran en conflicto con la ética. El ejemplo más común es la risa qie nos provoca una caída o una deformidad (un cojo, un jorobado) o un problema funcional (un tartamudo),  pero hay otros más difíciles de explicar, porque tienen que ver con la clase social o el sexo. Sosias, de El Anfitrión de Plauto es risible pero porque es esclavo. Del mismo modo que Sancho Panza o los graciosos de la comedia barroca (no tienen ni apellido, no son “hijos de algo”). El caso más extremo que aporta Sastre es el de una desdichada dependienta de una comedia de Alfonso Paso que recibe tortazos de sus patronos a diario. Así que, cuidado con lo que te induce a reír…

Rojo chillón

“Rojo chillón” es una sinestesia encantadora que nos permite oír a un color, pero si tomamos “rojo” como comunista, ahí desaparece la sinestesia y oímos gritar a un hombre. La capacidad de la lengua para, de forma tan económica -reciclando, como se dice ahora- crear realidades nuevas es una auténtica maravilla..

Márgenes

El gran Ramón (Gómez de la Serna) consideraba una verdad  “artística” y filosófica que “entre un margen de locura y otro de cursilería se mueve el tiempo”.

Los gestos de la pasión

I. La pasión

La palabra y la misma idea de «pasión» llega ya muy devaluada a nuestro tiempo. Es un canto rodado lingüístico muy limitado a los campos del amor o el sexo, pasados por el tamiz del romanticismo. O lo que es peor, mediatiazada por el cine o el folletín. El cristianismo, con su reiteración de la pasión de Cristo entendida como sufrimiento, terminó de vaciar este concepto que explotaba y se abría en el viejo pathos griego. Eugenio Trías, un filósofo con una poderosa formación clásica, la entendía así, en su Tratado de la pasión, justamente:

la pasión, no como algo que nubla el raciocinio e impide el conocimiento, sino como una forma más de abarcar el mundo. No la aborda como una pulsión que nos paraliza, sino como el motor de nuestra actividad; tampoco como sufrimiento, sino como placer y goce. Así, la conclusión del filósofo es que la pasión, oscuro daimon, es, al fin y al cabo, lo que nos convierte en lo que somos.

No es raro, sin embargo, oír hablar de cosas como «pasión por el fútbol», «pasión por las motos» o, qué sé yo, «pasión por los sellos». En realidad, casi cualquier cosa que podríamos identificar como afición compulsiva…

En este escrito, inspirado por el estudio que Leonard Impett y Franco Moretti dedicaron al Atlas Menosyne, de Aby Warburg, abordamos la pasión a través de los gestos del cuerpo, tal como nos ha sido legado en el arte figurativo occidental a través de su historia, pero limitándonos al doble filtro de los paneles de Warburg y de la selección de ellos realizada por Impett y Moretti.

El Atlas Mnemosyne -el misterioso proyecto inacabado de Aby Warburg– intentaba encontrar similitudes morfológicas en el arte en un arco temporal entre la época clásica y el Renacimiento. Buscaba, en realidad, «formas» (gestos, contorsiones, movimientos) recurrentes de la pasión, encarnada en una considerable colección de objetos artísticos: el pathosformel.

La ninfa florentina, en el Atlas Mnemosyne:

El problema de este intento es el mismo de todas las obras inacabadas, que no sabemos, salvo por algunas breves anotaciones, el canon total de las pinturas que pensaba colgar ni los criterios que iba a seguir para su búsqueda del canon formal de la pasión. En cierto sentido, aunque lo desarrolló más, es lo mismo que ocurre con el Libro de los pasajes de Walter Benjamin, otro proyecto de gran aliento, que la muerte de su autor dejó truncado.

Leonard Impett y Franco Moretti (Totentanz, NLR, 107) intentan encontrar el criterio para hallar esa medida o canon que ideaba Warburg, pero, mediante un método cuantitivo que pergeñan con ayuda algorritmos matemáticos y de la computación, que a mí me seduce y que, según la sentencia clásica, se non è vero, è ben trovato. Ya he escrito sobre estos procedimientos estadísticos aplicados a las ciencias humanas, por ejemplo en el artículo que dediqué en el blog a un estudio que buscaba la tipología humana de los premios Nóbel de literatura (Descodificando los premios Nóbel de Literatura).

Los resultados del estudio son, en muchos sentidos, sorprendentes (adelanto, así la conclusión final del estudio, de cuyo método y vicisitudes enseguida me ocupo, en una apretada síntesis): que esa emoción intensa, ese «oscuro daimon», que se adueña descaradamente de nuestro cuerpo, se manifiesta sobre todo en una agitación de brazos y piernas, rompiendo la unidad «natural» del cuerpo, su equilibro en estado de reposo. No, como podríamos sospechar, en el rostro y sus mínimos músculos, tal como pensó Warburg tras el descubrimiento del libro de Darwin sobre las expresiones primordiales con que el rostro humano manifiesta las distintas emociones.

La muerte de Orfeo, de Alberto Durero

La pasión es desbordamiento, compulsión, agitación que descompone la figura.. Intentaré explicar por qué caminos lo descubren Impett y Moretti en su intelectualmente apasionante (aunque no hay color, como diría el castizo, entre una pasión y otra) investigación. Indagar sobre las clases de pasiones (pasiones frías, pasiones tristes…) nos llevaría muy lejos del humilde objetivo de este artículo. Aunque lo dejamos para otra ocasión en que me resulte hacedero, pongo aquí el enlace de una entrada que escribí hace tiempo, publicada en este mismo blog, sobre las «pasiones tristes» (la ambición, la envidia…) a propósito de la literatura, en aquella ocasión: Las pasiones tristes. Y sin más, al cuento:

II. Las formas de la pasión

El método

Para Impett y Moretti, la mayor creación conceptual de Warburg es la Pathosformel o fórmula (de expresión del) Pathos, que ofrece un hilo para «recorrer el laberinto» que supone este proyecto inacabado. En sus palabras, «Pasión, emoción, sufrimiento, agitación: Pathos es un término con demasiados matices semánticos, aunque todos incluyen el grado «superlativo» (palabra usada por Warburg) del sentimiento implicado. Es un concepto muy potente que loga aunar opuestos semánticos: Pathos y Formel: fuerza abrumadora y un patrón estable que se reproduce a lo largo del tiempo y que, por eso, permite la supervivencia de la Antigüedad en la Europa moderna».

El problema para los autores del estudio era cuantificar el concepto, poderlo dividir en unidades discretas, encontrar la manera de «medir» la pasión que, en las series artísticas diversas.de los paneles de Menmosyne, recorren el arte occidental. Para empezar, excluyen de su estudio las expresiones del rostro humano, a pesar de que en la intención de Warburg -como avisábamos antes-, tras su descubrimiento de la obra de Darwin La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, parecía ser tan importante. En realidad, excluida la expresión facial, adivina que el signo externo de ese estado de agitación -que estamos entendiendo como manifestación del Pathos- es el movimiento de las extremidades: brazos y piernas.

Crucifixión, de Bertoldo de Giovanni

El método que siguieron constaba de tres pasos:

  1. Desligar las figuras humanas de su contexto encerrándolas en una especie de «caja».
  2. Reducir las figuras a esquemáticos «esqueletos», eliminando el color, la ropa, los rostros y las manos. Esta reducción tan drástica obedeció a la necesidad de disponer de un sistema de notación elaborado con unidades simples: 12 varas que componían un «alfabeto». Rotaron los esqueletos para mantener siempre la columna vertical y reflejar las distintas poses de forma horizontal, de tal manera que el brazo más elevado quedara siempre a la izquierda. De esta forma consiguieran 12 ángulos, uno por cada parte, excepto la columna.
  3. Realizar la medida solo sobre un tipo de variable: los 11 ángulos de las articulaciones del cuerpo combinados con los «vectores-esqueleto». A mayor ángulo, mayor agitación, más pasión, más Pathos. El ingenio y la productividad de este método me fascinó cuando lo conocí. Conseguían con él unidades discretas, repetibles y cuantificables, con una asombrosa sencillez.

Su aplicación

Para comprobar si los «vectores-esqueleto» funcionaban a una escala superior a la de un solo panel, extrajeron 1.665 cuerpos de 21 de los 63 panales del Atlas de Warburg y aplicaron sobre ellos un algoritmo de agrupamiento (una herramienta computacional que da valores numéricos a los elementos que están «cerca», metiéndolos en un grupo y metiendo en otro a los que están «lejos») que dividió los vectores-esqueleto en 16 grupos. Cada uno de esos grupos reunía cuerpos morfológicamente similares, en orden de similitud respecto al «vector-esqueleto» central de cada grupo. Para comprobar si la medida entre los distintos ángulos de las figuras respecto al eje central servía para medir el «estado de agitación» que pretendían cuantificar. Para eso,, tenían que poner el método a prueba con las pinturas.

Los 16 grupos de “vectores-esqueletos”

El oxímoron

Para no resultar excesivamente prolijo en el examen de los distintos grupos en relación a los cuadros de los paneles, salto directamente a las conclusiones, que nuestros autores reúnen bajo el significativo título de «Oxímoron» (nombre de la figura retórica que, como recurdarán los lectores, consistía en oponer significados espacialmente cercanos en un texto).

El algoritmo había visto una similitud entre los esqueletos que parecía consistir en que todas las «fórmulas del Pathos» estaban correlacionados con un movimiento simultáneo de brazos y piernas, de los brazos más que de las piernas. Pero no fue sino después de una consulta que realizaron a un profesor de Biomecánica de Lausanne, que descubrieron el verdadero sentido de aquellos «movimientos». Lo significativo no era lo hiperbólico de esas contorsiones, en correspondencia con lo hiperbólico de las emociones que las provocaban, sino el hecho de que rompía el estado natural del cuerpo, su unidad habitual, creando «disonancias», movimientos sin rumbo: dominado por la pasión, el cuerpo deja de ser «uno» y pasa a convertirnos en «Otro», literalmente alterados Algo que sabe intuitivamente cualquiera que haya sido dominado por el «oscuro daimon»…

 

El síndrome de la redención y otros apuntes (#21)

El  síndrome de la redención

Rosa Montero habla de lo que llama “el síndrome de la redención” en las mujeres.

Una que, por ejemplo, se enamora de un tipo “áspero y grosero”, pero se empeña es que es una apariencia falsa: que por dentro es un hombre dulce y que ella lo sacará a la luz, pues solo necesita “sentirse más querido, más seguro, mejor acompañado”. Necesita solo su “varita mágica”…

Tal es es su síndrome de perdición.

Seguir la pista a las mujeres

Hay que seguir la pista a las mujeres, si queremos enterarnos de algo : lo son el 44% de los afiliados de CCOO y el 32% de sus cargos representativos. No es solo la importancia del trabajo de cuidar, es su estilo de lucha directa y su subjetividad, que agranda el horizonte sindical a lo problemas identitarios, al mundo de las relaciones… Olvidemos el despiste del 8M, el futuro lo están diseñando ellas ahora. También el de los sindicatos.

Contra las almohadillas

Siento una animadversión considerable a las almohadillas de las etiquetas que proliferan de tal manera en la Internet social. Pero me temo que se van a quedar, como un signo de puntuación más en la lengua escrita (por fortuna, no tienen nada que hacer en el habla, única lengua verdadera). El ultimo libro de Rosa Montero, “La ridícula idea de no volver a verte” -una glosa actual de la vida y trabajos de Marie Curie- está, literalmente, lleno de “tags” con sus correspondientes almohadillas.

Es una herramienta apropiada para un mundo lector perezoso acostumbrado a una lectura semántica de los textos, es decir, a partir de palabras-clave y al hipertexto infinito. Es decir, a la dispersión infinita y la falta de comprensión (y disfrute de la forma) que acarrea. Piensa uno, al menos.

Desaparición del primer plano

 

Publicado antes en infoLibre . El artículo es un desarrollo de un apunte que saqué en mi canal de Hubzilla y aquí, en una entrada reciente. Trata sobre el trastocamiento del tiempo y el espacio en nuestro mundo. Internet es para mí, sobre todo, un espacio para la creación viva, que nace, se desarrolla o rectifica en la intertextualidad crecida al calor de lecturas y diálogos, en el salto y metamorfosis de un medio a otro…

Pienso a menudo en la dislocación del espacio y el tiempo en nuestro mundo. No es solo -o no es lo más preocupante- el encogimiento del tiempo que trajo a nuestras vidas el afán de productividad y consumo de la economía-mundo capitalista y su efecto más letal: la prisa contemporánea, el contagio de la velocidad instantánea a que se mueve el dinero, en su bulimia insaciable de acumulación y cambio, que no deja de aumentar.

Un trastueque parecido ya ocurrió con el espacio cuando la revolución de los transportes plegó la Tierra y la convirtió, según el dicho, en un pañuelo. El precio de ese ensanchamiento de tierras y poblaciones que conocemos como colonialismo, y hoy como globalización, se conoce en líneas generales: los genocidios y migraciones masivas, las corrupciones políticas, las guerras y dictaduras sin fin. En un resumen muy apretado: la mercantilización universal del mundo natural y el mundo humano, la destruccción – solo a veces creativa- de lugares y modos de vida que aún no ha terminado.

Ni siquiera se trata del afán continuo de novedades, de la intranquilidad y desasosiego general, de la exasperada hiperactividad estática que han traído a las nuevas generaciones las tecnologías instantáneas de la telecomunicación y, particularmente, la del teléfono móvil y los gadgets que incorpora. Al fin y al cabo, era previsible, incluso la transformación de su uso compulsivo en trastornos de adicción, con sus correspondientes terapias conductistas o hasta medicamentosas, pues ese es el destino final de los males sociales en la realidad contemporánea, sean el paro, los insomnios o la soledad: su conversión en enfermedades privadas.

Lo que sucede es más bien, según lo entiendo hoy, lo que Marco d’Eramo llama «la desaparición del primer plano». Según cita este pensador, asiduo colaborador de la New Left Review, Wolfgang Schivelbusch (The industrialization of Time and Space in the Nineteenth Century) distinguía entre “paisaje” y “panorama”. «El panorama lo asociaba al viaje en tren, porque tal como se ve desde la ventanilla, el primer plano pasa tan rápido que debe ser omitido de la escena. El panorama es un paisaje cuyo primer plano, la parte más cercana al observador, ha sido suprimido. Hoy en día, para nosotros, el mundo entero se ve como un panorama. Estamos ahora ciegos ante todo lo que se mueve en el primer plano, justo delante nuestro, y no sabemos cómo reconstruir el paisaje.»

El autor de esta observación, Marco d’Eramo, comienza su reflexión (NLR, 107) sobre el espacio-tiempo contemporáneo con una confesión llena de perplejidad: “Al cumplir mi hijo los 16 años, me percaté de un hecho extraño. Unas veces con su madre y otras conmigo había viajado por cuatro continentes y visitado ciudades lejanas como Yakarta, Los Ángeles, Nairobi o Moscú, pero nunca había estado en Lucca, Pisa o Florencia.”

Esta paradoja (comprobable también en nuestras relaciones sociales en Internet) tienen que ver con la revolución de los transportes, que mencionaba al principio, que ya llamó la atención a Marx, quien se dio cuenta de que, gracias a ellos, el capitalismo estaba trastocando la percepción del tiempo y el espacio, pese a no haber conocido la posterior revolución de las comunicaciones. Esta revolución supuso el nacimiento del primer gran mercado global y, con él, del consumismo occidental.

Este trastorno de la perspectiva del cerca y el lejos explica también por qué la caridad o el apoyo solidario -una vez desaparecido el sueño de la revolución universal- se dirige tan elocuentemente a los necesitados lejanos: nuestro pobre ideal está en otras latitudes, nunca a la vuelta de la esquina: porque no lo vemos, ya no forma parte del paisaje…

Como tampoco hay ya ni paisaje ni biografía en nuestras amistades en la Red, como decía más arriba, ni identidad frente a la que perfilarnos en un primer plano, en un diálogo real, pues a su omisión se suma la inexistencia del lenguaje corporal, que solo en la distancia corta cobra sentido; la ausencia de las miradas o de la voz atribulada en temblor de ternura o ira, que ayude a concebir un marco humano, capaz de sacarnos del ensimismamiento, del carnaval perpetuo de nuestras sociedades virtualizadas. O de librarnos de ese rumor de fondo adormecedor, de esa cháchara universal desemantizada en su mayor parte, que el gran MacLuhan, que solo conoció los Medios de Masas en sus primeras fases, supo, con tal lucidez, adivinar: «hablan y hablan sin cesar, pero no dicen nada»…

 

La biblioteca de Próspero (Apuntes, 20)

Las barbas de san Antón

Nunca he planeado nada y, cuando he querido hacerlo,  nada ha salido según lo planeado. Un poco como en el chiste de uno que tallaba con su navaja un trozo de madera, y respondió a otro que le preguntó que qué tallaba: si sale con barbas, san Antón, y si no, la Purísima Concepción… (A propósito de una charla con unos amigos profesores en Mastodon en la que aseguraban dedicar 5 horas de preparación para una clase de 50 minutos)

Correlatos

Hoy toca arte. T S Eliot (‘Hamlet and his problems’) escribió: “El único modo de expresar la emoción en la forma del arte es buscando un correlato objetivo, un conjunto de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos…” Es y no es lo mismo que planteaba Bertold Brecht con su teoría del distanciamiento: el gran autor teatral evitaba la emoción, explícita o implícita. Estaba más cerca de la catarsis del teatro griego.

La biblioteca de Próspero

Como bien recuerda Rebecca Lossin (NLR, 107), en La Tempestad, de Shakespeare, la quema de la biblioteca de Próspero no es casual, sino fundamental para su asesinato.

Lo primero, poseer sus libros; porque sin ellos / no es más que un borracho, un simple como yo / sin un espíritu que le obedezca… / ¡Quema sus libros!

“Cerca y lejos” y otras glosas y sermones (Apuntes, 19)

Cerca y lejos

Wolfgang Schivelbusch (The industrialization of Time and Space in the Nineteenth Century) distinguía entre “paisaje” y “panorama”. El panorama lo asociaba al viaje en tren, porque tal como se ve desde la ventanilla, el primer plano pasa tan rápido que debe ser omitido de la escena. El panorama es un paisaje cuyo primer plano, la parte más cercana al observador, ha sido suprimido. Hoy en día, para nosotros, el mundo entero se ve como un panorama. Estamos ahora ciegos ante todo lo que se mueve en el primer plano, justo delante nuestro, y no sabemos cómo reconstruir el paisaje.

El autor de esta observación, Marco d’Eramo, comienza su reflexión (en la tan leída y citada por mí NLR) sobre el espacio-tiempo contemporáneo con una confesión llena de perplejidad: “Al cumplir mi hijo los 16 años, me percaté de un hecho extraño. Unas veces con su madre y otras conmigo había viajado por cuatro continentes y visitado ciudades lejanas como Yakarta, Los Ángeles, Nairobi o Moscú, pero nunca había estado en Lucca, Pisa o Florencia.”

Esta paradoja (comprobable también en nuestras relaciones sociales en Internet) tienen que ver con la revolución de lis transportes que ya llamó la atención a Marx, quien se dio cuenta de que, gracias a ellos, el capitalismo estaba trastocando la percepción del tiempo y el espacio, pese a no haber conocido la revolución de las comunicaciones.  Ese trastorno de la perspectiva del cerca y el lejos explica también por qué la caridad o el apoyo solidario se dirige tan elocuentemente a los necesitados lejanos: nuestro pobre ideal está en otras latitudes, nunca a la vuelta de la esquina: porque no lo vemos, ya no forma parte del paisaje…

Las faldas de Prada

Patrizio Bertelli, director general de Prada, concibe sus tiendas como “una instalación vanguardista sobre el arte de las compras”. Aviso para caminantes. Chin-Tau Wo (NLR, 108) apostilla sobre la conversión de las faldas de Prada al nivel del arte: “La exposición de objetos presentada en el lenguaje inteligente del arte conceptual contemporáneo, bajo el imprimátur de Herzog & De Meueron y de Rem Koolhaas, tenía la clara intención de elevar las faldas de Prada a la categoría del arte y la arquitectura contemporáneos. Cuando las faldas llegaron a Shangái en mayo del 2005, la exhibición Waist Down, promocionada como una exposición de arte (…) había generado ‘mucha expectación, de acuerdo con Newsweek.”

Creced y multiplicaos

Hay fenómenos de naturaleza involuntaria (por más que los gobiernos pretendan a menudo potenciarlo con dádivas: recordemos a nuestro Zapatero) como el crecimiento demográfico, que pueden tener consecuencias muy profundas en el cambio social. Recordemos, por ejemplo, el derrumbe de las fronteras del Rhin del Imperio romano a causa de las oleadas imparables de los pueblos germánicos. Leo un análisis, de una periodista de mediapart.fr (en la versión española de infoLibre, ¿aún no quieres pagar por una prensa independiente y crítica?) sobre esto mismo en Israel y Palestina:

Un mando del Ejército israelí así lo aseguró ante la Comisión de Asuntos Extranjeros y de Defensa de la Knesset el pasado 26 de marzo. Alrededor de cinco millones de palestinos viven en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Si a esas cifras se le suman los residentes palestinos de Jerusalén Oriental, en torno a 323.000, y los árabes israelíes (1,8 millones), los árabes (7,1 millones) superarían en número a lo judíos en la zona que abarca del Mediterráneo al río Jordán. Según el censo anual publicado por el servicio israelí de estadística el pasado 16 de abril, los judíos son 6,5 millones en la región (un cifra que incluye a los colonos instalados en Cisjordania).

Dichos cálculos tienen repercusiones políticas. Y confirma el argumento enarbolado por la izquierda israelí desde hace décadas, a saber, que la demografía palestina es una “bomba de efecto retardado” y que es urgente dar con la solución de los dos Estados antes de que los judíos sean minoría. Sin embargo, en la derecha, esta teoría ha sido invalidada sistemáticamente. Al contrario, los partidarios del Gran Israel, o al menos de la anexión de una parte de Cisjordania, aspiran a conservar una mayoría judía, consideran que la dinámica demográfica es propia a los judíos y que las cifras facilitadas por el Ejército son “falsas”. Israel-Palestina: el desafío demográfico

Recuerdo que lo advertía frecuentemente el periodista Eduardo Haro Tecglen, cuando apenas se atisbaban las masas migratorias y de refugiados, empujando los fuertes de Occidente, que vemos hoy, con tan estúpida indiferencia. Al fin y al cabo, es el arma más vieja de los pobres: tener más hijos, formar una prole. Tirando muy largo y muy atrás, tal vez ese fue el secreto del homo sapiens en su expansión y preponderancia por todo el planeta: ser más, desbordar el espacio para crear un nuevo tiempo…

La poesía militante de Gabriel Celaya

El pasado 18 de marzo fue el aniversario del nacimiento de Gabriel Celaya, “perteneciente a la generación literaria de posguerra, fue un destacado poeta del antifranquismo. Comunista, autor de 100 títulos, vivió sus últimos años en la pobreza y en la enfermedad”, tal como lo recordaba la edición digital de El viejo topo, siempre pendiente de estas cosas.

Una generación inolvidable: Gabriel Celaya, Carlos Muñiz, Alfonso Sastre, Mari Dapena, Jose María de Quinto y Eva Forest.

Así caracterizaba Gabriel Celaya  la “poesía social” que inauguraba su generación, a propósito de los Cuadernos de poesía Norte:

NORTE, según pensábamos Amparitxu y yo en aquel momento, debía ser un puente tendido por encima de la “poesía oficial” hacia los entonces olvidados poetas del 27, hacia la España peregrina, y hacia la poesía europea de la que el autarquismo cultural, y la dificultad de hacerse con libros extranjeros, nos tenía separados desde el fin de nuestra guerra. Por eso publicamos, entre los extranjeros, a Rilke, Rimbaud, Blake, Eluard, Lanza del Vasto, Sereni, Mario Luzi etc. Y entre los españoles, a Leopoldo de Luis, Labordeta, Cela, Cremer, Bleiberg, Ricardo Molina y otros. Lo que nosotros queríamos era romper un cerco: El estúpido cerco de la “poesía oficial”. Y si después, con las visitas de Virgilio Garrote, Jorge Semprún, Eugenio de Nora y Blas de Otero, fuimos convirtiéndonos en uno de los primeros nidos de la “poesía social” fue porque el desarrollo de nuestra poesía así lo demandaba.”

(De “Historia de mis libros”)

Reproduzco a continuación la selección de poemas disponible en la página web mantenida por la Diputación Foral de Guipuzkoa.


EN EL FONDO DE LA NOCHE TIEMBLAN LAS AGUAS DE PLATA

(De “Marea de silencio”, 1935)

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.

Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos.

ESPAÑA EN MARCHA

(De “Cantos iberos”, 1955)

Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

No vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo.
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

(De “Cantos iberos”, 1955)

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

MOMENTOS FELICES

(De “De claro en claro”, 1956)

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,

y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
–el pitillo en los labios, el alma disponible–
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro –sé que todo es fiado–,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
“Estaba justamente pensando en ir a verte.”
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

LOS ESPEJOS TRANSPARENTES

(De “Los espejos transparentes”, 1967)

Uno dice lo que dice, mas no dice lo que piensa.
Los espejos no reflejan: transparentan.
Todo mira fascinante de frente, pero no existe.
Todo vuelve por detrás y es lo real, invisible.
En lo que veo, no veo; en lo que no veo, creo;
en toda imagen apunta una múltiple presencia,
palpitante intermitencia del corazón: confusión;
y así me siento indeciso como un pobre hombre perdido,
como tú que ¿quién eres?, como yo que ¿quién soy?

Los espejos que me escupen hacia fuera, y hacia dentro
me proponen transparencias de distancias y silencios,
deben ser, quiero que sean, para mis obras ejemplo,
con mucha luz hacia fuera, con más secreto hacia dentro.
Juego al juego, sí, con trampa, como hay doblez en los versos.

Así se cuentan las cosas que nos pasan cada día,
y bien contadas parecen fascinantes y sin alma.
Si se piensa, nada es lo que se ve en el espejo.
La luz grande es un abismo y un estúpido misterio.

NIÑEZ SONÁMBULA

(De “Los espejos transparentes”, 1967)

Era una casa grande, vacía, llena de ecos,
con veinte ventanales abiertos hacia el mar.
Y el mar sonaba triste contra el acantilado
como el destino sueña y acaba por matar.
Era una casa rara porque nada pasaba
y siempre parecía que algo iba a pasar.
Era una casa loca como aquella en que, niño,
según ahora me explican, nunca llegué a vivir,
pero que yo recorro, sabiendo los secretos
de sus cien corredores y sus puertas ocultas,
sus vueltas y revueltas, sus cámaras cargadas
de perfumes pesados y de un pasado horror
que todas las ventanas abiertas hacia un mar
de luz y de aventura, y disponibilidad,
no barren con su brisa, ni liberan del ¡ay!
Era una casa antigua. Y triste sin razón.
Allí viví de niño, y allí vivo de veras
por mucho que me nieguen. Y así, ciego, atravieso
los pasillos sin fin y las salas vacías,
y esas puertas que empujo para abrir otras salas,
todas ricas, lujosas, con sus tapicerías,
relojes, porcelanas, cortinas y recuerdos.
Todas eran iguales, repetidas, abiertas,
la rosa y la morada, la del león de oro,
la del abuelo Juan… ¿En qué se distinguían?
Yo abría puertas, puertas, buscando una salida,
lloraba algunas veces sin saber bien por qué,
y huía como un ciervo frente a aquella doncella
que me decía amable: “¿Qué quiere el señorito?”
Huir, huir, mi vida sólo ha sido una huida
sin saber hacia dónde y sin saber por qué.
Huir de aquella casa donde viví de niño,
aunque según me dicen nunca viví de veras.
No es un sueño. No. Veo oculto y real
a ese niño que mira con ojos espantados
detrás de una ventana, la mar, el mar, la mar.

PRIMERAS MATERIAS IBERAS

(De “Iberia sumergida”, 1978)

El esparto, la sal, el granito,
lo estrictamente seco, lo ardientemente blanco,
la furia indivisible en la luz absoluta
de un sol por todo lo alto y un espacio vacío.

Las piedras abrasivas y la cal deslumbrada.
El cuarzo y su explosión de estrellas diminutas
metidas en los dentros de lo que no se explica.
Y el explendor del mundo carente de sentido.

Aquí, en los dentros, roca, luz, furia, sequedades,
detalles violentos y a veces luminosos;
y el tejido del aire, los temblores del lino
entre los leves dedos de una brisa insinuante.

Lo digo, y al decirlo, recuerdo cuentas, cuentos
que Plinio registró con nombres sustanciales:
la bellota, la arcilla, la encina y el arrabio,
el vino y el calcanto, la pizarra y la cera,

el escombro, el electro, la plata viva ardiente,
el deslizado aceite, el plomo negro o blanco,
el cárbaso, los higos, la cebolla albarrana,
la sal en bloque, el agua mineral y el conejo.

La luz de los metales: sus encuentros sagrados
y en la noche, enterradas, sus mil aguas quemantes,
y ese furor del oro, rojo león llameante,
y ese azul de aire ardiente, duro esplendor parado.

¡Furias! ¡Dominaciones! ¡Dioses devoradores!
¡Velocidades ciegas! Y de pronto, ante el sol,
un grito alucinado que gira sobre sí,
que puede, que podría ser no se sabe qué.

LA IRRACIONAL ALEGRÍA

(De “Poemas órficos”, 1978)

En la mañana clara, la risa de los dioses
retumba como un trueno.
El toro subterráneo levanta la cabeza
y los árboles tiemblan millonarios de hojas.

Tempestad transparente. ¡Azul! Y de repente
una leve sonrisa femenina, perdida,
condena al silencio los grandes poderes,
y parece que algo dice.
Pero no dice nada.

LA VIDA, AHÍ FUERA

(De “Poemas órficos”, 1978)

Esa vida que no es mía y me rodea,
el misterio de la muerte, lo que llamamos la muerte
y el misterio de la vida siempre abierta,
lo que llamamos la vida
en el árbol, en las nubes y en el agua,
y en el viento y en el mundo que es quien es sin ser humano,
y en la inmensa transparencia que no se dice, se muestra
en eso que busqué tanto y ahora encuentro regresando:
La infancia, quizá, la infancia, nuestro final seguro,
nuestro cuento, nuestro canto, nuestra mágica conciencia:
El total de lo sin fin y de la vida abierta.

DEDICATORIA FINAL (Función de Amparitxu)

(De “Función de uno, equis, ene”, 1973)

Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.

#Poesía #Literatura #Gabriel Celaya

La desaparición de las luciérnagas

Los enlaces hipertextuales de Internet son el equivalente a las notas a pie de página del universo-libro. Del mismo modo que aquellas notas “eruditas” -que los lectores rápidos desechan por enojosas, en general- me ayudaron a descubrir nuevas lecturas y me estimularon a leerlas, abriendo, así, nuevos horizontes de conocimiento, del mismo modo -decía- me ocurre con los enlaces.

Eso me ha pasado leyendo un demorado y esclarecedor artículo sobre el resurgimiento de los fascismos en Europa, escrito por Virginia Lázaro en la revista cultural La Grieta, Una lógica de las supervivencias para Europa. En él, su autora hace referencia a un viejo artículo de Pier Paolo Pasolini en Corriere della Sera, del año 1975, Corriere della Sera, en el que, con ayuda de la metáfora de la desaparición de las luciérnagas -más exactamente, de la luz que emitían y con la que se comunicaban las comunidades de estos misteriosos insectos, como consecuencia de la apabullante pantalla lumínica de las ciudades de nuestro mundo- analiza el mismo fenómeno de los fascismos pre y post bélicos, junto con la desaparición del viejo pueblo de origen campesino -equivalente a las luciérnagas.

Pongo a continuación los dos enlaces, junto a algunos párrafos de uno y otro artículo, e invito a los amigos a leerlos, con la seguridad de que los ayudarán a entender mejor este que vuelve a ser “el tema de nuestro tiempo”, por decirlo con la feliz expresión de Ortega y Gasset.

Una lógica de las supervivencias para Europa

A lo largo de los últimos años, hemos presenciado el resurgir del fascismo en Europa con una nueva versión de las antiguas derechas nacionalistas, que han llegado a convertirse en una realidad presente dentro de los Parlamentos y del tejido político y social de los países del territorio europeo. Una situación que, sin lugar a dudas, va en aumento. El Frente Nacional en Francia, Jobbik en Hungría, Amanecer Dorado en Grecia, el Partido de la Libertad en Austria, los Demócratas de Suecia, el nativista Partido Popular Danés, la Liga Norte en Italia, los Verdaderos Finlandeses, el PVV en Holanda, AfD en Alemania, Prawo i Sprawiedliwosc en Polonia… Ante tal panorama parece razonable pensar que este renacer responda a esa violencia que Bifo identifica como endémica, originada en el mismo centro del ser (del existir como) europeo.

UNA LÓGICA DE LAS SUPERVIVENCIAS

Solo unas décadas atrás, a mediados de los 70, Pier Paolo Pasolini hacia una valoración similar en El artículo de las luciérnagas («Il vuoto del potere» o «L’articolo delle lucciole»), en su caso acerca de la desaparición del espíritu popular. Recordaba Pasolini en el texto una imagen de su juventud en la que, en los campos que rodeaban a la ciudad de Roma, las luciérnagas conformaban una comunidad luminosa que emitía señales para comunicarse. Al tiempo de escribir, Pasolini señalaba cómo la contaminación las había hecho desaparecer durante la década previa. De igual manera, la industrialización ocurrida en los años 70 en Italia estaba terminando con la diversidad de las culturas particulares, y por lo tanto borrando todo rastro de humanidad, de comunidad, de solidaridad. Debido a la mutación del capitalismo, la «comunidad de luciérnagas» desaparecia y, respectivamente, lo hacía la capacidad de los pueblos de emitir señales en la noche para comunicarse entre ellos. La máquina totalitaria del poder amenazaba la «vocación antropológica por la supervivencia» y con ella la capacidad de resistencia política.

Pier Paolo Pasolini, Corriere della Sera, 1 febbraio 1975:

Corriere della Sera

Dopo la scomparsa delle lucciole

I “valori” nazionalizzati e quindi falsificati del vecchio universo agricolo e paleocapitalistico, di colpo non contano più. Chiesa, patria, famiglia, obbedienza, ordine, risparmio, moralità non contano più. E non servono neanche più in quanto falsi. Essi sopravvivono nel clerico-fascismo emarginato (anche il MSI in sostanza li ripudia). A sostituirli sono i “valori” di un nuovo tipo di civiltà, totalmente “altra” rispetto alla civiltà contadina e paleoindustriale. Questa esperienza è stata fatta già da altri Stati. Ma in Italia essa è del tutto particolare, perché si tratta della prima “unificazione” reale subita dal nostro paese; mentre negli altri paesi essa si sovrappone con una certa logica alla unificazione monarchica e alla ulteriore unificazione della rivoluzione borghese e industriale. Il trauma italiano del contatto tra l'”arcaicità” pluralistica e il livellamento industriale ha forse un solo precedente: la Germania prima di Hitler. Anche qui i valori delle diverse culture particolaristiche sono stati distrutti dalla violenta omologazione dell’industrializzazione: con la conseguente formazione di quelle enormi masse, non più antiche (contadine, artigiane) e non ancor moderne (borghesi), che hanno costituito il selvaggio, aberrante, imponderabile corpo delle truppe naziste.

In Italia sta succedendo qualcosa di simile: e con ancora maggiore violenza, poiché l’industrializzazione degli anni Settanta costituisce una “mutazione” decisiva anche rispetto a quella tedesca di cinquant’anni fa. Non siamo più di fronte, come tutti ormai sanno, a “tempi nuovi”, ma a una nuova epoca della storia umana, di quella storia umana le cui scadenze sono millenaristiche. Era impossibile che gli italiani reagissero peggio di così a tale trauma storico. Essi sono diventati in pochi anni (specie nel centro-sud) un popolo degenerato, ridicolo, mostruoso, criminale. Basta soltanto uscire per strada per capirlo. Ma, naturalmente, per capire i cambiamenti della gente, bisogna amarla. Io, purtroppo, questa gente italiana, l’avevo amata: sia al di fuori degli schemi del potere (anzi, in opposizione disperata a essi), sia al di fuori degli schemi populisti e umanitari. Si trattava di un amore reale, radicato nel mio modo di essere. Ho visto dunque “coi miei sensi” il comportamento coatto del potere dei consumi ricreare e deformare la coscienza del popolo italiani, fino a una irreversibile degradazione. Cosa che non era accaduta durante il fascismo fascista, periodo in cui il comportamento era completamente dissociato dalla coscienza. Vanamente il potere “totalitario” iterava e reiterava le sue imposizioni comportamentistiche: la coscienza non ne era implicata. I “modelli” fascisti non erano che maschere, da mettere e levare. Quando il fascismo fascista è caduto, tutto è tornato come prima. Lo si è visto anche in Portogallo: dopo quarant’anni di fascismo, il popolo portoghese ha celebrato il primo maggio come se l’ultimo lo avesse celebrato l’anno prima.

È ridicolo dunque che Fortini retrodati la distinzione tra fascismo e fascismo al primo dopoguerra: la distinzione tra il fascismo fascista e il fascismo di questa seconda fase del potere democristiano non solo non ha confronti nella nostra storia, ma probabilmente nell’intera storia.

En español, más o menos:

Después de la desaparición de las luciérnagas

Los “valores” nacionalizados y, por lo tanto, falsificados del viejo universo agrícola y paleocapitalista dejan de contar de repente. Iglesia, patria, familia, obediencia, orden, salvación, moral ya no cuentan. Y ya no son necesarios, porque son falsos. Sobreviven en el clerical-fascismo marginado (incluso la ICM los repudia en esencia). Para reemplazarlos están los “valores” de un nuevo tipo de civilización, totalmente “distinta” de la civilización campesina y paleoindustrial. Esta experiencia ya se ha adquirido en otros países. Pero en Italia es bastante particular, porque es la primera verdadera “unificación” sufrida por nuestro país, mientras que en otros países se superpone con cierta lógica a la unificación monárquica y a una mayor unificación de la revolución burguesa e industrial. El trauma italiano del contacto entre el “arcaísmo” pluralista y la nivelación industrial tiene quizás sólo un precedente: Alemania antes de Hitler. También aquí los valores de las diferentes culturas particularistas fueron destruidos por la homologación violenta de la industrialización: con la consiguiente formación de esas enormes masas, ya no antiguas (campesinos, artesanos) y aún no modernas (burgueses), que constituían el cuerpo salvaje, aberrante e imponderable de las tropas nazis.
Algo similar está ocurriendo en Italia: y con una violencia aún mayor, desde la industrialización de los años setenta constituye una “mutación” decisiva incluso en comparación con la alemana de hace cincuenta años. Ya no nos enfrentamos, como todo el mundo sabe, a “nuevos tiempos”, sino a una nueva era en la historia de la humanidad, en la historia de la humanidad, con sus plazos milenarios. Era imposible que los italianos reaccionaran peor ante este trauma histórico. En pocos años (especialmente en el centro-sur) se han convertido en un pueblo degenerado, ridículo, monstruoso y criminal. Sólo sal a la calle para entender eso. Pero, por supuesto, para entender los cambios de la gente, hay que amarlos. Desgraciadamente, amaba a estos italianos: tanto fuera de los esquemas de poder (o mejor dicho, en oposición desesperada a ellos), como fuera de los esquemas populistas y humanitarios. Era un amor verdadero, arraigado en mi manera de ser. He visto, por lo tanto, “con mis sentidos” el comportamiento forzado del poder consumidor para recrear y deformar la conciencia del pueblo italiano, hasta el punto de una degradación irreversible. Esto no había sucedido durante el fascismo fascista, un período en el que el comportamiento estaba completamente disociado de la conciencia. En vano, el poder “totalitario” itera y repite sus imposiciones comportamentales: la conciencia no está implicada. Los “modelos” fascistas no eran más que máscaras que se ponían y quitaban. Cuando cayó el fascismo fascista, todo volvió como antes. Esto también se vio en Portugal: después de cuarenta años de fascismo, el pueblo portugués celebró el 1 de mayo como si el último lo hubiera celebrado el año anterior.

Por lo tanto, es ridículo que Fortini haya antedatado la distinción entre fascismo y fascismo después de la Primera Guerra Mundial: la distinción entre fascismo fascista y fascismo de esta segunda fase del poder demócrata-cristiano no sólo no tiene paralelo en nuestra historia, sino probablemente en toda la historia. ”

#Europa #Fascismos, #Pasolini

“Lo que es, es, y lo que no es, no es” y otros asaltos (Apuntes, 18)

Lo que es, es y lo que no es, no es

Dos tratantes, aquí al lado. Uno, enfadado, le dice al otro: “porque lo que es, es y lo que no es, no es”. ¿A que parece una tontería? Pues ahí está toda la filosofía de occidente, desde Parménides…

¿Cuándo nace el artista?

Malraux decía que el artista nace en el momento de la juventud en que nos emociona más contemplar un cuadro que los objetos pintados en él. Creo que no le faltaba razón.

Estación de paso

Me encantan las estaciones. De tren, en los juegos de mi infancia, aplastando monedas haciendo equilibrio sobre las vías. De adolescente, paseando con los primeros amores. Después, viajando… El AVE y la desaparición de los cercanías me echaron de ellas. No he tenido más remedio que acercarme a las de autobuses. Los sentidos se aturden: flores, churros, ecos de megafonía, risas, gritos, achuchones… Saben, huelen y suenan a pueblo, a una libertad indefinible de gente que, aunque sea por unos minutos, no son de ningún sitio: gente de paso, transeúntes benditos transeúntes…

Cualquier cosa…

La protagonista de “Una jornada particular” (Ettore Scola): “A una mujer inculta se le puede hacer cualquier cosa”. La pregunta que se hace Marina Garcés es totalmente pertinente: ¿por qué a las mujeres cultas también? Nos preguntamos nosotros: ¿de verdad la cultura, tal como la entendemos, es realmente liberadora?

Nueva escuela

La nueva escuela del capitalismo contemporáneo ya está en obras, pero no lo construimos nosotros ni los estados sino los bancos y el mainstream. Es muy fácil caer en sus trampas cuando reclamamos una nueva educación…

Distopía perfecta

Humanos tontos en un mundo de objetos inteligentes, la distopía perfecta. Lo llaman inteligencia delegada y hemos entrado en ella como los gamusinos en el saco.